EL PETISO OREJUDO Y LOMBROSO.

Estudio del Petiso Orejudo en Argentina hace cien años.

Según mi criterio este fue un auténtico asesino desde nacimiento y con una incapacidad total para recibir ningún tipo de corrección. Es la típica persona que la sociedad nunca debiera tener en su seno una vez que la descubre y tipifica.

Petiso = persona de baja estatura.

Orejudo = con orejas grandes.

Y así era la verdad pues no debía de medir, ya de adulto, más de 1,45 como se ve en la foto del final.

En primer lugar se presentarán las fotos del delincuente para comprobar como eran aplicables “a primera vista” las teorías de “El hombe delincuente” de Lombroso. 

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Tal vez ningún crimen sea más aborrecible que el asesinato de un niño. Las muertes violentas de pequeñas criaturas generan un impacto en la sociedad que deja marcas imborrables. Un poco eso, y otro poco el morbo, el mito y el sensacionalismo lograron que Cayetano Santos Godino, alias “El Petiso Orejudo”, pasara a la historia como una especie de “monstruo”.

El Petiso Orejudo aparece como un caso único, extraordinario; un “monstruo”, un otro radicalmente ajeno a la sociedad en que vivió. Sin embargo, precisamente el acento que se pone en desvincular al criminal de su época denuncia el carácter histórico y social del delito y de los delincuentes.

La historia y los actos del Petiso no pueden ser comprendidos sin tener en cuenta, por un lado, su escenario y sus coprotagonistas: las transformaciones de la ciudad de Buenos Aires a principios del siglo XX y la situación de los niños que, como Cayetano Santos Godino, padecieron entonces la pobreza, la explotación laboral y el acoso de instituciones represivas que pretendían normalizarlos. Al mismo tiempo, también ser considerados en el análisis los narradores de esa historia, los actores que construyeron la leyenda del Petiso tal como ha llegado a nuestros días: los criminológos, la prensa sensacionalista y la policía. El Petiso nos muestra ejemplarmente que los crímenes y los criminales pertenecen íntimamente a una sociedad y a una época y que las historias de “monstruos” son los modos más comunes en que una sociedad desconoce su propia responsabilidad en tales episodios.

Los atroces asesinatos que, durante el año 1912, cometió Cayetano Santos Godino, de 15 años, en la persona de niños del barrio de San Cristóbal, plantearon a la ciudad de Buenos Aires un desafío inédito: qué hacer con un asesino semejante, quien actuó con una crueldad desconocida y quizás nunca igualada, hasta hoy. El asesino se convirtió en un mito. La curiosidad y el miedo trenzaron fábulas y fantasías sobre Godino, el Petiso Orejudo. Su historia, además de comportar una tragedia humana, desnudó las caras de la Argentina de entonces, el régimen conservador y el país de la inmigración.

Se pusieron en juego los mecanismos policiales, penitenciarios, médicos, judiciales, periodísticos. La historia criminal de un país forma parte de la historia “grande”, aunque pudibundeces e ideologismos suelen confinar su materia al anecdotario truculento y banal.

Los Godino llegaron a Buenos Aires desde Italia. Fiore y Lucía eligieron desembarcar en 1884 en el puerto de la Perla de Sudamérica con todas sus esperanzas depositadas en la nueva tierra. La pareja era originaria del pueblo de Romano, en la provincia calabresa de Cosenza.1

Fiore fue responsable de la formación de quien se convertiría en el primer asesino en serie de la historia policial argentina. Alcohólico y padeció la sífilis que era la enfermedad de la época porque estaba muy extendida. El niño vino al mundo con graves problemas de salud. De hecho, durante sus primeros años de vida estuvo varias veces al borde de la muerte a causa de una enteritis. Durante toda su niñez Cayetano recibió algunos serios correctivos por los terribles actos que iba realizando.

No fue el único hijo de aquella pareja de italianos pobres que sufriría graves enfermedades. Su hermano Antonio era epiléptico y, además, siguiendo el mal ejemplo de su padre, se convirtió en un bebedor irrecuperable. 

La niñez de Cayetano Godino transcurrió en la calle, vagando. A partir de los cinco años concurrió a varias escuelas, de donde siempre fue expulsado por su falta de interés en los estudios y su comportamiento rebelde. El escenario de sus correrías y carrera criminal serían los terrenos baldíos y conventillos de los barrios de Almagro y Parque Patricios, por entonces todavía al borde de la pampa. Era una zona de quintas de descanso. Pero también era un arrabal poblado por paisanos y extranjeros.

El nombre de Cayetano Santos Godino es uno de los más tristemente célebres en la historia criminal argentina. Aunque tal vez se lo conozca más por su apodo: “El PETISO OREJUDO”. Convertido en una especie de mito con el que algunos padres asustaban a sus hijos, el personaje real existió y en 1912, con solo 15 años, cometió crímenes atroces contra otros niños.

El origen de su sobrenombre es bastante evidente cuando se observan las imágenes de Santos Godino: su rostro estaba enmarcado por unas enormes orejas que incluso llegaron a ser analizadas para determinar si tenían algún vínculo con su mentalidad criminal.

Pero La historia del Petiso Orejudo tiene que analizarse dentro del contexto en el que vivió. Hijo de inmigrantes italianos, Fiore Godino y Lucia Rufo, Cayetano tenía nueve hermanos. Desde pequeño manifestó su violencia, a tal punto que su propio padre pedía que la policía lo detuviera.

Vivió en la miseria y era constantemente golpeado por su padre y por su hermano. Tal como explica el escritor Álvaro Abós, “la curiosidad y el miedo trenzaron fábulas y fantasías sobre Godin

Si bien Santos Godino cometió la mayoría de los crímenes cuando tenía 15 años, su “carrera” delictiva había comenzado mucho antes, cuando era apenas un niño. A los 8 años, llevó a Miguel de Paoli, un niño de casi dos años, a un baldío, donde comenzó a pegarle en la cabeza con una piedra. No llegó a matarlo porque un vigilante lo descubrió. La misma suerte corrieron Roberto Carmelo Russo, Ana Neri y Severino Gonzales: en todos esos casos, alguien acertó a pasar por la escena antes de que el Petiso llegara a cometer el crimen.

En el caso Russo, a pesar de que Cayetano repitió la historia en la que decía ser el liberador del menor, fue arrestado. Pero al poco tiempo lo liberaron por falta de mérito.

Pasaron años sin que nadie, salvo su preocupado padre, comprendiera que aquel jovencito de orejas aladas, analfabeto y pirómano, que finalmente se convertiría en un asesino serial.

El 5 de abril de 1906, apenas algunos días después de cometer su primer asesinato, Godino fue denunciado por su padre al descubrir que había martirizado a algunas aves domésticas. Fiore encuentra dentro de un zapato de su hijo un pájaro muerto y, debajo de su cama, una caja en donde guarda los cadáveres de otras aves. A continuación se reproduce el acta que en aquella ocasión fue levantada.

En la Ciudad de Buenos Aires, a los 5 días del mes de abril del año 1906, compareció una persona ante el infrascripto Comisario de Investigaciones, el que previo juramento que en legal forma prestó, al solo efecto de justificar su identidad personal, dijo llamarse Fiore Godino, ser italiano, de 42 años de edad, con 18 de residencia en el país, casado, farolero y domiciliado en la calle 24 de Noviembre 623. Enseguida expresó: que tenía un hijo llamado Cayetano, argentino, de 9 años y 5 meses, el cual es absolutamente rebelde a la represión paternal, resultando que molesta a todos los vecinos, arrojándoles cascotes o injuriándolos; que deseando corregirlo en alguna forma, recurre a esta Policía para que lo recluya donde crea oportuno y para el tiempo que quiera. Con lo que terminó el acto y previa íntegra lectura, se ratificó y firmó. Fdos: Francisco Laguarda, comisario. Fiore Godino. Se resolvió detener al menor Cayetano Godino y se remitió comunicado a la Alcaidía Segunda División, a disposición del señor jefe de policía.

Severino González Caló: El 9 de septiembre de 1908 conduce a Severino González, de 2 años, a una bodega ubicada frente al Colegio del Sagrado Corazón. Ahí lo sumerge en una pileta para caballos cubriéndola después con una tabla para ahogar al pequeño. El propietario del lugar, Zacarías Caviglia, descubre la tentativa pero Godino se defiende diciendo que el niño había sido . llevado hasta allí por una mujer vestida de negro, de la cual suministra señas particulares.Es conducido a la comisaría, de donde es recogido al día siguiente.

Era malo hasta la médula, mentiroso, frío, cruel y disfrutaba asesinando.

Julio Botte: Seis días más tarde, el 15 de septiembre, en Colombres 632, quema con un cigarrillo los párpados de Julio Botte, de 22 meses de edad. Es descubierto por la madre de la víctima, pero alcanza a huir.

 

TRES MUERTES

 

El año 1912 sería clave: tres muertes terminarían por dejarlo al descubierto. Los dos primeros fueron los crímenes de Arturo Laurora y Reina Bonita Vainicoff. El primero, un niño de 13 años, fue hallado muerto a golpes y estrangulado en una casa vacía en enero de 1912. Dos meses después, a Reina Bonita, de 5 años, la prendieron fuego y falleció al poco tiempo debido a las quemaduras.

No fue sino hasta el crimen de Jesualdo Giordano, ese mismo año, que este joven asesino cayó finalmente en manos de la Justicia.

Víctimas

 

Severino González Caló, a quien intentó asesinar.
  • Arturo Laurora: El 25 de enero de 1912 se denunció la desaparición de un menor de 13 años. Al día siguiente se descubrió el cadáver en una casa puesta en alquiler en la calle Pavón. El cuerpo fue descubierto golpeado y semidesnudo, con un trozo de cordel atado alrededor del cuello. Las investigaciones no conducen a ningún lado. En diciembre de 1912 Godino confesará la autoría de este crimen.
  • Reyna Bonita Vaínicoff: El 7 de marzo de 1912 Godino prendió fuego a las ropas de una niña de cinco años. La pequeña falleció tras 16 días de agonía en el Hospital de Niños.
  • En los meses siguientes de 1912, Godino causa dos incendios más que son controlados fácilmente por los bomberos sin que se produzcan víctimas.
  • El 24 de septiembre de 1912, mientras trabaja en una bodega propiedad de Paulino Gómez, Godino mata de tres puñaladas a una yegua. No fue detenido por falta de pruebas.
  • Apenas unos días después prende fuego a la estación Vail, ubicada en las actuales calles Carlos Calvo y Oruro, propiedad de la compañía de tranvías Anglo-Argentina. El incendio fue controlado por los bomberos.
  • Roberto Russo: El 8 de noviembre de 1912, Godino convence con engaños a Roberto Russo, de dos años, para que lo acompañe a un almacén en donde presuntamente le compraría unos caramelos. Lo lleva hasta un alfalfar a pocas cuadras en donde le ata los pies y procede a ahorcarlo con un trozo de la cuerda que usa para atarse los pantalones. Son descubiertos por un peón del alfalfar, quien los entrega a las autoridades. Cayetano Godino declaró que había encontrado atado al niño y lo estaba rescatando cuando fueron descubiertos. Es liberado por falta de mérito.
  • Carmen Ghittone: El 16 de noviembre de 1912, en un baldío situado en las calles Deán Funes y Chiclana, intenta golpear a Carmen Ghittone, de tres años. Un vigilante hace acto de presencia y Godino consigue escapar.
  • Catalina Naulener: Días después, el 20 de noviembre, se lleva de la esquina de Muñiz y San Juan a la niña Catalina Naulener, de cinco años. Busca un baldío por la calle Directorio, pero antes de encontrarlo la menor se resiste a seguir. Godino se descontrola y la golpea. El dueño de la casa ubicada en San Juan 78 interviene y Godino logra huir de nuevo.

Cayetano Godino ya adulto.

  • Gesualdo Giordano:3​ El último crimen del Orejudo es probablemente el mejor documentado de su carrera. El 3 de diciembre de 1912, su víctima ―de apenas tres años― salió como todas las mañanas después de desayunar con sus padres, de su casa ubicada en la calle Progreso 2185 para reunirse con sus amiguitos a jugar. Esa misma mañana ―a pesar de los acostumbrados gritos de su padre―, Cayetano Godino sale de su casa ubicada en Urquiza 1970. Después de vagabundear un rato por las calles, Santos Godino encuentra en la calle Progreso al grupo de chicos jugando. Se les suma sin despertar ninguna sospecha porque su aspecto de idiota siempre le ha permitido ganar la confianza de sus víctimas. Poco después consigue convencer a Gesualdo para que lo acompañe a comprar unos caramelos. Un rato antes y sin éxito, invitó a Marta Pelossi, de 2 años de edad, pero la menor, asustada, se refugió en su domicilio. Así pues, víctima y homicida se encaminan sin apuro hacia el almacén ubicado en Progreso 2599 en donde compran dos centavos de caramelos de chocolate. Enseguida el más chico los reclama, pero Godino, imperturbable, resuelve dosificarlos: le permite algunos, y le promete los demás si acepta acompañarlo hasta cierto lugar alejado, la Quinta Moreno (donde actualmente se levanta el Instituto Bernasconi). Una vez en la entrada, el chico llora y se resiste a entrar. Pero el asesino lleva hecho demasiado, ni siquiera vacila: lo agarra con violencia de los brazos, lo introduce en la quinta y lo arrincona cerca de un horno de ladrillos. Lo derriba con fuerza y lo aquieta poniéndole la rodilla derecha sobre el pecho. Godino conoce el mecanismo: con apuro, pero sereno, se quita el piolín que lleva por cinturón (se trata de esos lazos de algodón que se utilizan en albañilería para sostener las plomadas), y empieza a enrollarlo en el cuello de Gesualdo, le da 13 vueltas y procede a estrangularlo. Pero Gesualdo intenta levantarse, así que Godino procede a atarle de pies y manos, cortando la cuerda con un cerillo encendido. De nuevo procede a asfixiarlo con el cordel pero el chiquillo se resiste a morir. Busca otra manera de matarlo. Godino se da a la tarea de encontrar alguna herramienta adecuada. Su búsqueda lo lleva al exterior del local en donde se topa con el padre de Gesualdo, quien le pregunta por el paradero del niño. Imperturbable, Godino le responde no haberlo visto y le sugiere dirigirse a la comisaría más próxima a levantar una denuncia. Mientras tanto el Orejudo encuentra un viejo clavo de 4 pulgadas (10 cm), regresa con él junto a su víctima, y usando una piedra como martillo lo hunde en la sien del niño moribundo. Después de cubrirlo con una vieja lámina de zinc, huye de la escena del crimen. Esa noche, durante el velatorio de su víctima, Godino hace acto de presencia. Después de observar durante algún tiempo el cadáver de Gesualdo, huye llorando del lugar. Según declaró posteriormente, deseaba ver si el cadáver aún tenía el clavo en la cabeza. Para su desgracia dos policías, el subcomisario Peire y el principal Ricardo Bassetti ya habían ligado cabos con casos anteriores. Esa misma madrugada del 4 de diciembre de 1912 allanaron el hogar de los Godino y arrestaron a Cayetano. En sus bolsillos encontraron un artículo de periódico aún fresco que relataba los pormenores del asesinato y en sus pantalones restos del piolín con que había ahorcado a Gesualdo.

Pero lo que no dicen es que al detenerlo, preguntó: ¿donde estaba el clavo que no lo había visto?. Se pueden imaginar la cara de los policías.

Una de las frases que más decía por las calles:

“me gusta incendiar cosas por ver como vienen los bomberos y se queman en el fuego.”

Jesualdito no tenía ni cuatro años cuando desapareció de la puerta de su casa. Su cadáver apareció en un baldío, estrangulado con un piolín y con un clavo en la sien. La imagen horrorizó a la población, que ya acusaba a Cayetano por el horroroso crimen.Los vecinos denunciaron que la última vez que habían visto a Jesualdito, caminaba de la mano con el “Orejudo”. La policía lo detuvo el 4 de diciembre, y Cayetano confesó sus crímenes.

Sin remordimientos

-Siente usted remordimientos por lo que ha hecho?

-No entiendo..

Nunca le preguntaron si le fue placentero el acto. En todo caso la contestación habría sido afirmativa.

Pero vamos, entender, entendía perfectamente. Pero como todos los asesinos Psicópatas se hacía el tonto o el loco que se les da muy bien hacerse.

Desde niño era un monstruo. Y no estoy de acuerdo con que el padre le pegaba palizas sin ningún motivo, este auténtico hijo de perra lo era desde casi que nació y el padre no intentaba más que controlarle, nunca pudo pensar que su hijo era un monstruo de tal calado.

Así contestó Santos Godino a la pregunta de uno de los doctores que lo examinó una vez que fue apresado, acusado de cometer numerosos y crueles asesinatos.Tenía apenas 15 años cuando fue procesado por los asesinatos de los niños Arturo Laurora, Reina Bonita Vainicoff y Jesualdo Giordano. Luego de una serie de peritajes psiquiátricos, fue declarado, en principio, inimputable, por considerárselo irresponsable, aunque se decidió su internación provisoria en el Hospicio de las Mercedes. Sin embargo, por decisión del Ministerio Público, el Petiso fue trasladado a la Penitenciaría Nacional, en aquel entonces ubicada en Las Heras y Coronel Díaz.

Se decidió internarlo porque en el tiempo que permaneció en el Hospital estuvo a punto de asesinar a dos minusválidos, a uno le golpeó en la cama hasta casi matarlo y al otro le empujó escaleras abajo en su silla de ruedas. (Una auténtica delicia y menos mal que no se descubrió que era canibal, aunque ¡a saber!).


Su último traslado fue a la Cárcel del
 
Fin del Mundo en Ushuaia, -hoy convertida en un museo- donde cumplió su condena por “cuatro homicidios, siete tentativas de homicidios frustrados por las circunstancias, siete incendios intencionales, algunos de los cuales revistieron carácter grave”.

En 1927 se lo sometió a una cirugía para reducir el tamaño de sus orejas, ya que algunas teorías sostenían que eran el origen de su crueldad. Esta decisión se dio en el marco del predominio de principios positivistas de la época, que sostenían la idea de “peligrosidad” de algunas personas y el concepto de la delincuencia nata.

En la cárcel siguió con sus maldades. Echó al gato mascota de los presos al fuego y se quedó viéndole morir abrasado dentro de la estufa. Los delincuentes al verlo le pegaron una paliza de la que le tuvo al borde de la muerte y le hicieron un enorme agujero en el ano. Eso si lo entendió claramente.

Como se ve fue el malvado más cobarde de la historia, siempre asesinaba y maltrataba a niños pequeños, inválidos o animales inocentes y pequeños. Siempre iba a por los más débiles, de niño, de joven, de adulto y hasta su muerte.

Santos Godino falleció en 1944 y sobre su muerte hubo diferentes versiones. Oficialmente se atribuyó el deceso a una úlcera. Sin embargo, hay quienes sostienen que fue castigado por haber asesinado a las mascotas de la prisión -unos gatitos- y habría muerto a causa de una hemorragia interna causada por la paliza.

Parece que la historia fue un poco más complicada según narra gente de aquella zona del mundo: “se escapó de la prisión y le encontraron en La Iglesia del pueblo escondido en el Campanario. Vuelto a la prisión los penados le quemaron vivo para que no siguiera haciendo maldades pues se cuenta que en el tiempo que estuvo libre había querido asesinar a otro niño.”

Incluso los rumores que corrían por la época decían que la esposa del director de la cárcel usaba el cráneo del Petiso como pisapapeles.Tal vez esa anécdota sea parte del imaginario morboso, lo que es cierto, es que el Petiso Orejudo existió, y se convirtió en el primer personaje tenebroso de la historia criminológica del país. Los huesos nunca fueron recuperados.

Gran parte de lo dicho en este artículo es una clara referencia a los artículos de Césare Lombroso (El hombre delincuente) que consdera que el delito como un ente natural, “un fenómeno necesario, como el nacimiento, la muerte o la concepción…”. Por influencia de su discípulo Ferri , reconocío también la influencia de otros factores de carácter social en la génesis de la delincuencia, mantuvo sus tesis biologicistas y antropomórficas hasta el final de sus días.:

Los ladrones tienen en general los rasgos de la cara y de las manos muy móviles; sus ojos son pequeños, inquietos, bizquean , cijijuntos, la nariz encorvada, ….LAS OREJAS EN FORMA DE ASA…… MANDÍBULAS FUERTES Y HUESUDAS”. Estos datos tan claros y significativos han tenido un seguimiento, consciente o inconsciente hasta nuestros días y, como se ve, en La Argentina de hace 100 años, continuaba con una influencia elevada: “El hombre estaba determinado a ser delincuente por sus características físicas ya fueran heredadas o no”. De esa forma. Se contemplan la existencia de de causas preconstituidas para que una persona perpetrara un crimen, motivo por el cual fue aceptada la denominada: Peligrosidad Social. A pesar de lo extrema que es la concepción lombrosiana, tiene plena vigencia , pese a diversas críticas que ha recibido durante los últimos decenios pues es aplicada en la criminología oficial, y aun en las disertaciones sociológicas contemporáneas se ve el “humo” lombrosiano.

También se ve influenciado este trabajo periodístico por las Teorías de Ferri y Garófalo en su obra “Sociología Criminal” convierte al hombre en una marioneta conducida por los actores antropológicos, sociales y físicos, y, en efecto, así es como vemos al pobres Santos Godino inmerso en un ambiente familiar y social del cual no se pudo escapar.

Son factores generados en la naturaleza antropológica del individuo, en el grupo social y en el medio ambiente, determinantes para la producción del delito, ante lo cual la sociedad está determinada a defenderse mediante la pena.

De todas formas, aunque tanto Ferri como Garófalo mantuvieron “el concepto básico de la predisposición delictiva del sujeto, en razón de las anomalías que le eran inherentes”, también mantuvieron la acentuación de los factores sociológicos – en el caso de Ferri – o de los factores psicológicos – en el caso de Garófalo – sin perder de vista que el derecho no debía aislar la acción del individuo de la totalidad natural y social al calificar el delito.

Aunque, actualmente, las teorías de Gorofalo quieren ser muy sobrepasadas, de hecho no está nada tan claro. De los dos componentes que pivotan sobre la criminalidad como es: la herencia genética y el medio ambiente, que parecen que de manera muy elevada son los factores más importantes para entender la criminalidad del ser humano (exiten otros como la biología pre, intra y post parto), parece que la influencia genética estudiada en gemelos criminales tiene a situarla en más del 60%. En todo caso, ni la herencia genética pude ser tan determinante como nos quieren hacer parecer, puesto que la expresión del fenotipo es algo que depende del medio ambiente y de las tendencias vivenciales de cada persona.

Hoy sabemos que la familia, las figuras paterna y materna, el tamaño de la familia, el lugar del hijo en la misma, el ambiente urbano y rural, la pobreza ligada al ambiente urbano, el grupo en el que se desenvuelve el futuro delincuente en la adolescencia, el uso de drogas y alcohol, hacen que nada esté claro.

Pero hasta circunstancias ambientales como la escuela, el tipo de escuela, los profesores, el medio social pueden tener enorme influencia.

Pero no solo debemos echar la culpa a ” lo puesto= herencia y lo ajeno = medio ambiente” que implicaría que todos somos inimputables puesto que no dependería nada de nosotros. No es eso. En cada circunstancia, el ciudadano toma decisiones, decisiones que dependen de su voluntad y que implican que cualquier persona que, en principio, tiene todas las papeletas para ser un delincuente, llegue a ser un ciudadano ejemplar y que un niño de familia bien llegue a ser un Jarabo cualquiera. (Jarabo fue un asesino español hijo de familia bien y que pululó por la España de los 50  a 60).

En todo este complejo de causas, concausas y circunstancias que pueden tender a hacer de una persona un delincuente, parece que la extroversión y el psicoticismo hacen que las personas tengan muchas papeletas para llegar a ser delincuentes. y es cierto que esos factores dependen de factores biológicos y ellos de la genética en último extremo. Pero también es cierto, que un buen ambiente familiar y una buena escuela pueden hacer cambios importantes en la personalidad y de la misma forma que una persona con genes de gigante se puede quedar en 1,60 si no es bien alimentado, de la misma forma un posible delincuente puede ser bien alimentado espiritualmente pera tomar el camino del bien.

En el fondo, todos somos imputables, aunque para ello están las circunstancias atenuantes y agravantes que, cada cual tendremos en mayor o menor medida.  Lo cierto es que el ser Juez de lo penal es uno de los trabajos más difíciles y donde se debe pedir con mayor cuidado la prudencia.

En todo caso, una vez llegado al delito y en algunas circunstancias de auténticos HIJOS DE PUTA desde que tienen uso de razón por una decisión personal en la que intervienen factores de narcisismo, de desprecio de los demás, de cosificar al ajeno, lo mejor es eliminar el peligro. ¡que asesinen hasta que la sociedad les coja, luego que sean eliminados tal como hace la justicia americana!.

Tras mucho pensar, tras considerar que todo tiene muchos matices, lo cierto es que la sociedad de seres más o menos normales (incluso aunque estén en la cárcel por delitos menores) no puede estar en peligro por un autentico Psicópata o sociópata de los que salen de vez en cuando y que disfruta con la muerte y la violencia. Ante ellos, la única solución que existe es la pena de muerte. Pena de muerte que nunca debe ser impuesta más que en casos de seguridad en los hechos delictivos ( “in fraganti”, pruebas indubitadas y muy elevadas). En todo caso el número de estos delincuentes en España será del orden de 5 a 10 al año como mucho dadas nuestra salud social encomiable por ahora.

Imagino el número de buenistas que criticarán acerbamente esta postura, pero es evidente que ellos no han sufrido la violación y martirio de una hermana o una hija, ni el asesinato sádico de una madre o de su anciano padre. A mi me gustaría que les dijeran a los padres de los niños asesinados en España en casos graves como el de ” El Rafita”, por ejemplo, que violó, martirizó, quemo y paso con el coche por encima a una niña algo retrasada. A mi me gustaría preguntar a la madre que piensa de la pena que se le dio a este auténtico criminal y psicópata que se puso en libertad a los pocos años y que sigue cometiendo delitos. Este pájaro tenía aterrorizados a las cuidadoras y carceleros y siempre les amenazaba con lo mismo ” Te voy a hacer lo que le hice a ………”. ¿Cómo un asesino de estas características puede estar ni siquiera infectando la tierra con su aliento?. Contra estos delincuentes sobra la ley del menor y las medidas de rehabilitación que no pueden existir y que solo sirve para que sigan asesinando en los permisos carcelarios o cuando le pongan en libertad o, incluso, en la cárcel a otros pobres desgraciados que están allí por cualquier cuestión menor.

El hecho es que el Petiso Orejudo era un auténtico HIJO DE PERRA que siguió haciendo mal hasta unos pobres gatitos en la cárcel y que su fealdad externa era una simple manifestación de su maldad interna. Esto puede que no sea cierto en casos, pero estas personas desfiguradas, con unos rasgos terribles marcados en ojos, orejas, mentón, mandíbula, etc. solo indican unos desórdenes genético biológicos que deben ser muy controlados. En último caso alguien pensó que los pobres gatitos tenían más derecho a la vida que este auténtico monstruo que hasta en la cárcel siguió haciendo mal.

Y que nadie piense que un Psicópata se va a curar nunca. No están enfermos, son malos hasta la raíz del pelo y, encima, son taimados, mentirosos, crueles, sin sentimientos, fríos, sin empatía hacía el dolor ajeno, que pueden estar estrangulando a su madre mientras hablan por teléfono sin inmutarse. Contra estos tipejos solo cabe el garrote vil como solución más favorable para la sociedad.  No es una solución perfecta, la perfecta sería enviarles a la Nebulosa de Andrómeda que es otra forma de aislarlos de por vida, pero ya que no se puede y es caro, pues mejor “el garrote vil” que no falla nunca.

Y hasta parece bueno y sensato en la imagen de abajo y a los meses se dedica a quemar gatos.

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