a FAVOR DE LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO Y DE OPINIÓN: NO ME GUSTAN LAS BODAS GAY.

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(Varias personas se manifiestan este martes a favor y en contra de Jack Phillips junto a la sede del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que decidirá si la Primera Enmienda ampara al pastelero de Denver por negarse a decorar una tarta para la boda de dos hombres.– Fotografía: Shawn Thew / EFE)

Libertades. En 2012, una pareja de hombres entró a una pastelería de Denver (Colorado, Estados Unidos) y encargó al pastelero una tarta de boda en la que debía grabarse un mensaje de celebración de su matrimonio.

El propietario de la pastelería respondió que no podía grabar un mensaje que celebrara el matrimonio homosexual. Iba en contra de su conciencia.

La pareja denunció a Jack Phillips, el pastelero, ante la Comisión de Derechos Civiles de Colorado, que les dio la razón y dictaminó que el señor Phillips había violado la ley estatal anti-discriminación.

El dueño de la pastelería Masterpiece Cakeshop apeló la decisión, y el caso Masterpiece Cakeshop vs. Colorado Civil Rights Commission ha llegado  al Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que este martes ha empezado a escuchar los argumentos de las dos partes.

Hay una gran atención a este caso en los medios de comunicación del país. Lo consideran una piedra de toque sobre cómo interpretar la libertad de expresión que es objeto de la Primera Enmienda de la Constitución.

Como en tantas otras batallas de valores, los puntos de vista están muy polarizados. Las aproximaciones más progresistas al caso, como la de Quartz y The Washington Post, sostienen –resumiendo mucho– que hay que redefinir la libertad de expresión y limitarla, para que nadie pueda invocarla contra lo que es legal en el país, como por ejemplo, el matrimonio de personas del mismo sexo.

En el lado conservador, destaca el análisis de David French para la National Review. Su resumen del caso es que el señor Phillips no discriminó a la pareja por ser homosexuales. De hecho, el señor Phillips no pregunta a cada cliente que entra en su pastelería de Denver, Colorado, por su orientación sexual. El pastelero se negó, en cambio, a diseñar un mensaje con el que está en desacuerdo.

“Ninguna persona y ninguna identidad política tiene la autoridad legal de obligar a un artesano a usar su talento para respaldar una causa que el artesano considera ofensiva”, escribe el señor French en la National Review.

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Curiosamente, es la misma objeción que Peter Tatchell, uno de los activistas más prominentes del movimiento gay en el Reino Unido, opuso en 2016 a la persecución legal contra una pastelería de Belfast, Irlanda del Norte, que se opuso a decorar una tarta de boda con un mensaje de celebración de un matrimonio homosexual.

En un artículo de opinión publicado en The Guardian, el señor Tatchell apoyó a los dueños de la pastelería de Belfast, y escribió:

“Me apena decirlo, como un veterano activista en la causa de la igualdad del colectivo LGBT en Irlanda del Norte, donde el matrimonio de personas del mismo sexo y las donaciones de sangre de homosexuales siguen prohibidos […] ¿Deben los impresores musulmanes ser obligados a publicar caricaturas de Mahoma? ¿O los judíos a publicar las palabras de un negacionista del holocausto? ¿O unos pasteleros gays aceptar órdenes para grabar una tarta con eslóganes homofóbicos? […] Desde mi punto de vista, va contra la libertad obligar a los negocios a ayudar a la promoción de ideas a las que sus propietarios objetan conscientemente. La discriminación contra las personas debería ser ilegal, pero no contra las ideas”.

Ahí radica el núcleo de este caso de Denver, que es el mismo caso de Belfast y el de todas las ciudades donde colisionan una identidad –política, racial, sexual, religiosa– y la libertad individual para adherirse o no a ella.

El Estado debería ser escrupulosamente neutral en este tipo de conflictos, y dejar que se resolvieran entre los particulares, por ejemplo, saliendo de la pastelería de Jack y visitando la maravillosa pastelería gay friendly de al lado. Demasiado tarde para esperar algo así: hace tiempo que los Estados han tomado partido en la vida sexual de sus contribuyentes y prescriben un ideal de diversidad que, como todos los ideales de Estado, se acaba convirtiendo en un ideal de uniformidad del pensamiento. Algo así como un montón de pastelerías con un único pastel obligatorio.

COMENTARIO. Pero no se dan cuenta estas buenas personas que el colectivo LGTBI ya sabe todo esto, pero lo que pretende es aplastar las ideas contrarias porque tienen que ganar por aplastamiento. Vamos señores y señoras, que si son heterosexuales, váyanse preparando para dejar de serlo, porque el pensamiento único de estas mafias les hará la vida imposible y les exterminará si no les puede dar por culo o  hacerles el bollo. Son los nuevos marxismos dictatoriales de estas mafias marxistas y tiránicas que pretenden obligarnos por la fuerza a lo que saben que con la razón nunca podrán conseguir. Saben que ellos son unos degenerados y que la gente les mira con asco y algunos con desprecio y ellos, en vez de estarse tranquilos con su problema, ante este desprecio racional por hacer actos antinatura (como realizar el acto sexual por donde los demás cagamos), pretenden machacar a los seres normales por el hecho de que son gais, lesbianas o bis exuales. Al final, un día, cuando el poder deje de estar de su lado, que recuerden que habrá gente que les rebanará el cuello o les martirizará. No se puede cambiar ni la opinión ni el pensamiento de las personas a la fuerza. Usted puede pensar que ser homosexual es guay, pero yo pienso que usted al ser homosexual no es guay, sino gay. Si usted pide leyes hoy porque se siente fuerte yo mañana haré leyes para triturarle vivo. Siempre hay que recordad que se debe permitir la libertad y dejar a cada uno con su pensamiento, las leyes en estos puntos solo generan odio y violencia. Y cuanto más restrictivas más odio y violencia generarán. Además es que es razonable ayudar a un minusválido para que supere sus déficit, pero no se el motivo por el que tengo que ayudar a un ciudadano que ha nacido XY para que se considere XX. Esto es imposible naturalmente y nunca lo será, por lo que lo razonable sería que le apoyasen los médicos en el reconocimiento de su naturaleza. Y si no quiere que le dejen en paz, pero que no intente convertir a nadie a sus ideas y que no se sienta ofendido con las ideas de los que le consideran un degenerado, simplemente que se vaya a donde haya gente de sus mismas características. Como se dice: Cada oveja con su pareja y cada bujarrón con su mariconsón. Mariconson era la palabra usada por el despreciable Fidel Castro que es un ser maravilloso para ustedes, así que la tienen que aceptar.

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