LA DECLARACION BALFOUR Y LA CREACIÓN DEL ESTADO SIONISTA DE ISRAEL.

Hoy cien años después protestan los palestinos que han sido masacrados.

Palestinos condenan al Reino Unido por la Declaración de BalfourLos palestinos exigen disculpas a Londres por permitir la usurpación y colonización de su tierra por los sionistas. Con esta premisa, miles de personas han marchado en Ramalá, Al-Quds (Jerusalén) y otros puntos de la ocupada Cisjordania, así como en la Franja de Gaza, para exigir a Londres que se disculpe públicamente por las décadas de sufrimiento causadas al pueblo de Palestina.

En Amán, la capital de Jordania, también se ha organizado una marcha frente a la embajada británica para protestar por el nefasto documento, rubricado el 2 de noviembre de 1917 por el entonces secretario británico de Exteriores, Arthur James Balfour, que prometió a los colonos israelíes permiso para ocupar tierras palestinas y establecerse en ellas, en detrimento de los derechos de los propios palestinos.

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La Declaración Balfour fue una declaración formal del gobierno británico publicada el 2 de noviembre de 1917 en el que el Reino Unido se declara favorable de la creación de un hogar nacional judío en lo que seria el Mandato Británico de Palestina. El formato del documento es una carta firmada por el Secretario de Relaciones Exteriores británico (Foreign Office), Arthur James Balfour y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para su transmisión a la Federación Sionista. La Declaración, donde el gobierno británico decidió apoyar la creación de un hogar judío en su Mandato, es considerada como el primer reconocimiento de una potencia mundial de los supuestos derechos del pueblo judío sobre tierras que históricamente pertenecieron a los palestinos.

Lo único cierto históricamente es que los palestinos llevaban habitando esas tierras 2.000 años y los judíos no tenían ningún título de propiedad reconocible entre los hombres. Solo tenían el poder y el dinero del Barón Rothchild dueño de todos los bancos de Europa controlados por su familia directa o indirectamente. Aparte estaba detras todo el poder sionista de USA y de Inglaterra, Alemania y Francia.

La Declaración Balfour se redactó en los últimos meses del año, para que se haga pública antes de navidad, fecha en la que estaba prevista la conquista definitiva de Palestina por las tropas británicas.

El texto final de la declaración apareció muy mermado de contenido respecto a las redacciones previas (hubo hasta siete borradores sucesivos) debido a las fuertes resistencias que encontró dentro del Gobierno.

Finalmente, el texto se aprobó el 31 de octubre de 1917, con el visto bueno de Estados Unidos, enviado a su destinatario el 2 de noviembre. Decía así:

Foreign Office,
November 2nd, 1917.Dear Lord Rothschild, 
I have much pleasure in conveying to you, on behalf of His Majesty’s Government, the following declaration of sympathy with Jewish Zionist aspirations which has been submitted to, and approved by, the Cabinet: 
“His Majesty’s Government view with favour the establishment in Palestine of a national home for the Jewish people, and will use their best endeavours to facilitate the achievement of this object, it being clearly understood that nothing shall be done which may prejudice the civil and religious rights of existing non-Jewish communities in Palestine, or the rights and political status enjoyed by Jews in any other country”
I should be grateful if you would bring this declaration to the knowledge of the Zionist Federation.

Yours sincerely

Arthur James Balfour

Traducción:

Foreign Office,

2 de noviembre de 1917.

Estimado Lord Rothschild,
Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él.
“El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país.”
Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.

Sinceramente suyo,
Arthur James Balfour.

 

Los sionistas, y muchos medios de prensa que se hicieron eco de ella, acogieron la declaración como un reconocimiento de los derechos judíos sobre Palestina. Sin embargo, la Declaración Balfour era muy imprecisa y remitía realmente a las interpretaciones que pudieran hacerse con posterioridad. Probablemente, como en el caso de los acuerdos Sykes-Picot o las promesas hechas a los árabes, Gran Bretaña esperaba el desenlace de la guerra mundialpara determinar cuáles iban a ser sus posiciones reales en la región.

  • En primer lugar, Palestina no tenía unos límites definidos. Para los sionistas, se extendía a ambos lados del río Jordán, es decir, comprendiendo las posteriores Transjordania y la Palestina del mandato británico; en los acuerdos Sykes-Picot, sin embargo, era aún más pequeña que esta última, pues excluía lo que hoy es el norte de Israel.
  • No se decía tampoco si ese hogar nacional iba a construirse en toda Palestina o en una parte de ella.
  • No se precisaba, por otro lado, el alcance de la expresión hogar nacional. Los sionistas, por razones tácticas, habían evitado en su trato con la administración británica hablar de Estado, y por tanto nuevamente el estatus real de ese hogar quedaba confiado a las interpretaciones.
  • Tampoco precisaba en qué consistían los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías, esto es, de los árabes palestinos, que constituían entonces más del 90% de los habitantes de Palestina.

Consecuencias

Francia e Italia recibieron con reticencias la Declaración Balfour, pues eran favorables a la internacionalización de Palestina.

Los árabes de la región, que a través de la Rebelión Árabe se hallaban en proceso de construcción de su propio Estado, rechazaron, en el congreso nacional convocado en Damasco, las pretensiones sionistas de convertir la parte sur de Siria, es decir, Palestina, en una commonwealth nacional para los israelitas.

De idéntico modo se había expresado unos meses antes un congreso árabe celebrado en Jerusalén. En cuanto al yishuv (comunidad judía en Palestina), desde el mismo momento en que el ejército británico tomó la región, reclamó que la Declaración Balfour se haga efectiva y que la administración británica reconozca las instituciones que los judíos habían puesto en pie como poder paralelo.

Sin embargo, debería pasar un tiempo antes de que los ocupantes hagan nada: en primer lugar, la Convención de La Haya obligaba a Gran Bretaña a mantener escrupulosamente el statu quo en Palestina en tanto no firme un tratado con quienes hasta entonces habían administrado el territorio, esto es, el Imperio Otomano.

Los británicos alegaban también el elevado riesgo de graves choques entre judíos y árabes si se daba a aquellos la preeminencia que reclaman, habida cuenta, entre otras cosas, que los judíos constituían a fines de la Primera Guerra Mundial apenas un 10% de la población de Palestina. Finalmente, dados los conflictos que todo esto no dejaba de generar, la administración recomendó a Gran Bretaña la cancelación de las promesas hechas en la Declaración Balfour.

La construcción del hogar nacional judío no contaría con un efectivo apoyo británico hasta 1920, fecha en que, una vez establecido el mandato británico, fue nombrado alto comisario (máxima autoridad civil) al judío Herbert Louis Samuel. Gran Bretaña, no obstante, volvería a replantearse su apoyo al proyecto sionista a principios de los años treinta, a raíz de la creciente presión judía.

La Declaración Balfour sería el inicio de un verdadero Holocausto que sufrieron los palestinos a partir de 1948 (Ver: Nakba)

Los israelitas ocuparon a traición y con armas proporcionadas por el dinero sionista de los banqueros internacionales sin límite alguno. Cometieron masacres sobre los semitas palestinos hasta masacrarles y echarles de sus casas como cucarachas. Los unos tenían armas de la mayor potencia, los otros solo tenían cimitarras.

. Lo pudieron hacer gracias a la perfidia británica que entonces tenía un “mandato” colonial sobre Palestina, y al apoyo incondicional que desde siempre les da Estados Unidos, la gran superpotencia cuyos principales ejes geopolíticos han quedado copados por ideólogos militantes sionistas, tanto judíos como no-judíos.

Desde entonces los palestinos y sus vecinos, particularmente los libaneses, sufren toda clase de violaciones, genocidios, torturas, invasiones, humillaciones, ataques, muerte y derramamientos de sangre a manos de las fuerzas militares y de seguridad israelíes, que utilizan las peores tácticas de terrorismo de estado. El ex-presidente norteamericano Jimmy Carter no pudo más que calificar esta deplorable ocupación israelí como un verdadero Apartheid racista, peor que el sufrido por la población negra de Sudáfrica a manos de la élite blanca anglo-holandesa en el siglo XX.

Las técnicas y políticas impuestas sobre Palestina por la dirigencia sionista israelí se asemejan a los peores excesos del nazismo en Europa en los años cuarenta. Hoy Gaza, martirizada a diario, se ha convertido en una suerte de giganstesco campo de concentración – un verdadero “Auschwitz” en en seno del Medio Oriente, administrado por Israel.

La humanidad va tomando conciencia de estas monstruosidades, pero en el terrible mundo en el que vivimos, ni la justicia, ni la democracia, ni los derechos humanos parecen tener importancia. Lo que cuenta es el PODER del más fuerte. Así, Israel – que cuenta con el apoyo incondicional de Estados Unidos y sus aliados, y del gigantesco poder del dinero supranacional – se impone a sangre y fuego.

Como decimos en el ensayo “Acerca del Antisemitismo” (disponible en el Sitio de Salbuchi, o solicitarlo por correo electrónico) y en el libro “Bienvenidos a la Jungla: dominio y supervivencia en el Nuevo Orden Mundial” (Salbuchi, Editorial Anábasis, Córdoba, Argentina, 2005), señalemos que el sionismo es una ideología política que tiene claros intereses y objetivos geopolíticos en Medio Oriente. Por eso, es un grave error confundir al sionismo (que es una ideología política que apoya al Estado de Israel), con la religión judía ni, mucho menos, con todo el pueblo judío. Se trata de categorías claramente diferentes entre sí.

“No todo judío es sionista; no todo sionista es judío, decimos quienes señalamos la urgente necesidad de abrir una amplio debate público, equilibrado y honesto, respecto de esta compleja problemática de trascendente importancia para el mundo entero.

 

 EL GENOCIDIO SIONISTA – ISRAELITA CONTRA EL PUEBLO PALESTINO.

1º) Masacre de Deir Yassin

(Redirigido desde Masacre de Der Yassin)

Cada día 9 de abril se cumple un nuevo aniversario de una de las masacres más cruentas y poco conocidas de la historia. Se trata de la masacre de Der Yassin, un crimen que por sus características e implicancias políticas jamás debe caer en el olvido.

El sufrimiento del pueblo palestino

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Pacíficos agricultores

Der Yassin era una pequeña aldea palestina ubicada a 3 kilómetros al oeste de Jerusalén, que para el año 1948 no llegaba aún a los 800 habitantes.

La población estaba compuesta por familias de pacíficos agricultores que se dedicaban al cultivo de granos, vegetales, frutas y aceitunas. Como buenos musulmanes, tenían su mezquita, a la cual los hombres siempre concurrían a orar.

Desde hacía tiempo padecían la ocupación inglesa, pero sabían que a su patria habían comenzado a llegar miles de sionistas que, inspirados por el proyecto delineado por Teodoro Herltz, querían usurpar su territorio para fundar un nuevo “Estado”. Lo que la aldea no sabía es que estaba en la mira de estos terroristas, y que serían atacados por una banda liderada por un soldado despiadado que haría luego una exitosa carrera en el régimen israelíMenahem Begin.

Fue en la noche del 9 de abril del año 1948 cuando, bajo instrucciones expresas de la Jewish Agency, guerrilleros sionistas ingresaron a Der Yassin y desataron una carnicería en la que mataron a más de la mitad de la población. El objetivo era instalar el miedo entre los palestinos para lograr forzar la entrega de territorios y crear Israel.

El ataque

Los sionistas se habían dividido en tres grupos: “Aragón Tsfai Leumi”, dirigido por Begin, “Shteren” y “Haganá“, al mando de Yenshorin Sheif. Cuando cayó la noche del 9 de abril se parapetaron en las afueras de la aldea a la espera de la orden de ataque. La misma fue recibida a las 2 AM del día 10.

Los grupos irrumpieron violentamente en Der Yassin, con carros blindados y llamando a la población por altoparlantes. Entraron por el sur y a través de los amplificadores le dijeron al pueblo: “Vayan al oeste, camino al pueblo de Ein Karem, y no les pasará nada”. Los inocentes agricultores, temerosos y crédulos, les hicieron caso y se encaminaron a su muerte.

Cuando ya se encontraban en las calles, los palestinos vieron a los paramilitares que se dirigían hacia ellos de entre las penumbras de la noche, y fue entonces cuando comenzaron a recibir ráfagas de metralla. El pánico se apoderó de la aldea. Los sionistas no tenían piedad, mataban a sangre fría a hombres, mujeres, ancianos y niños. Entraban a las casas de aquellos que intentaban refugiarse y colocaban granadas para destruirlas. La aldea se transformó en un infierno, un infierno perpetrado por la dirigencia sionista mundial.

Zseifi Ankory, miembro de Haganah, destacó luego en su parte: “Entré a 6 o 7 casas. Ví aparatos genitales arrancados, vientres de mujeres abiertos y machacados. A juzgar por las señales de los cadáveres, fueron matados directamente con cuchillos”. Los cuchillos eran una de las armas favoritas de los guerrilleros sionistas. Con ellos degollaron a los más jóvenes y a las mujeres “para no gastar balas”.

En total masacraron a más de 400 personas, y la prensa internacional de la época intentó ocultar las cifras. El diario The New York Times, al hacer referencia al tema, primero lo minimizó y dijo que “habrían muerto” 254 personas. Apenas 40 aldeanos pudieron escapar. El resto tuvo que esconderse entre las ruinas, pues los fanáticos los buscaban para matarlos y no dejar más testigos.

Al respecto, Jack de Reine, observador de la Cruz Roja Internacional, elaboró un contundente informe. Un relato posterior de este funcionario da una visión meridiana de lo que allí aconteció: “Los judíos rechazaron ayudarme y protegerme, vestían uniformes verdeolivo y usaban cascos, todos sus miembros eran jóvenes y adolescentes, varones y hembras, estaban armados con metralletas, rifles, granadas; tanto sus armas como sus uniformes estaban llenos de sangre, éste era el grupo encargado de asesinar a los sobrevivientes”.

El grupo Haganah fue el que debía enterrar los cuerpos de las víctimas. Su jefe, Yenshorin Sheif, recordaba con sarcástica alegría el sangriento acontecimiento: “aquel día primaveral era maravilloso, los árboles de almendra estaban llenos de flores, pero por todos los lados venía el olor desagradable de los cadáveres que enterrábamos en la fosa común, y se veía el destrozo del pueblo”.

Como mencionamos antes, la Cruz Roja intentó entrar enseguida a la aldea, pero los paramilitares pretendieron impedírselo.

Der Yassin fue para el sionismo una “victoria”. Se ufanaba de haber masacrado a un pueblo indefenso, se vanagloriaba de haber matado a niños y mujeres, de haber dejado en ruinas a una laboriosa aldea agrícola cuyo único “delito” era ser Palestina. Esta barbarie fue el génesis de Israel, y el mismo Menahem Beguin, señaló años más tarde: “lo que ocurrió en Der Yassin y su divulgación ayudó a triunfar en batallas decisivas y allanó el camino al futuro”.

Y fue así. Antes del 15 de mayo, mientras aún Palestina estaba bajo dominio inglés, los guerrilleros sionistas ocuparon varias ciudades más y terminaron produciendo el éxodo de 3 millones de palestinos. Luego, con la ayuda anglosajona, el sionismo logró en ese mismo 1948 que la ONU diera el visto bueno a la constitución de Israel.

Menahem Beguin, el ASESINO jefe de la masacre

Una mención especial merece la figura de quien lideró el ataque a Der Yassin. Menahem Beguin no fue un simple fanático sionista, sino que se transformó en uno de los líderes de Israel gracias a su espíritu despiadado, alimentado por un odio criminal.

Nacido en 1913 en Polonia, ya a los 16 años se enroló en el movimiento sionista Bethar, organización paramilitar cuya misión era “defender la judeidad en Polonia”. En 1938 terminó por convertirse en cabecilla de la banda, que reunía a unos 70.000 miembros.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue detenido temporalmente por autoridades soviéticas, pero sus buenos contactos con sionistas rusos lo libraron pronto de su encierro en Siberia. En 1941 se alistó en el denominado “Ejército Libre Polaco”, y en 1943 encontró una excusa para ir junto con sus secuaces a Medio Oriente. Al llegar allí tomó contacto con el grupo clandestino Irgun, que estaba levantándose en armas contra la administración inglesa y la población palestina en pos de la invención de Israel. Beguin se salió del ejército polaco y comenzó a realizar atentados para Irgun. Sus métodos eran tan violentos y aberrantes que incluso chocó con Ben Gurión, otro conocido sionista autor de innumerables crímenes de lesa humanidad.

Der Yassin fue en la “foja de servicios” de Beguin un antecedente de alta importancia para los israelíes. En la década del ´50 fundó el partido Jerut, que posteriormente se convertiría en el Likud.

En 1977 Beguin se convirtió en primer ministro del régimen sionista de ocupación. Irónicamente, en 1978 este criminal obtuvo el Premio Nobel de la Paz.

Tras esto, el “guerrero de la paz”, como lo llamaba la prensa, ordenó en 1982 la invasión al Líbano. Su ministro de Defensa era Ariel Sharón, y su última acción de gobierno fue otra masacre, la de Sabra y Chatila. Tras este crimen, Beguin no pudo mantenerse frente a la comunidad internacional y debió dimitir. Murió en 1992 a los 79 años, sin haber pagado por todos sus delitos contra la Humanidad.

Informe de Jack de Reine

(Representante oficial del Comité de la Cruz Roja Internacional)

-Sábado, día 10 de abril después del mediodía, recibí una llamada telefónica de los árabes pidiendo socorro, precisaban de mi presencia de forma inmediata en Der Yassin diciendo que se estaba cometiendo una carnicería total contra el pueblo.

Se me informo más tarde de que unos extremistas de la banda Irgun, eran los autores de esta acción. La Agencia Judía y la Haganá dijeron que ellos no sabían nada sobre la cuestión, y que por otra parte, era casi imposible franquear la zona donde estaban las fuerzas del Irgun. Me pidieron que no participara en esta cuestión, ya que corría gran peligro si me desplazaba hasta la zona.

No solo rechazaban ayudarme, es más, ellos no se hacían responsables de lo que seguramente me podía ocurrir. Yo respondí que me iba de todos modos. Esta nefasta agencia ejerce su poder sobre todos sectores que están bajo control judío, y debería de responsabilizarse de mi seguridad mientras hago mi trabajo en dichos sectores.

En realidad no sabía qué hacer, sin el apoyo de los judíos es prácticamente imposible llegar hasta ese pueblo. Después de pensarlo mucho me acordé de una enfermera judía que trabajaba en un hospital y que me había pedido con anterioridad que la llevara allí; me había dado su teléfono y me había dicho que la podía llamar si era necesario, así que la llamé, ya a ultima hora de la tarde, y le conté lo que pasaba. Acordamos quedar en un sitio al día siguiente a las siete de la mañana donde me esperaría una persona, y que yo acudiría en mi coche particular.

Al día siguiente y exactamente a la hora acordada, apareció un individuo con ropa civil, pero llevaba una pistola; se introdujo en mi coche de un salto y me pidió que condujera sin parar, hablamos y aceptó indicarme el camino de Der Yassin, pero me comunicó que él no podía hacer más y me dejó solo. Salí a las afueras de Jerusalén, dejé la carretera principal junto al último puesto militar y seguí por un camino que cruzaba. Al poco tiempo se me ordenó parar por dos soldados armados.

Comprendí de ellos que tenía que apearme para ser cacheado, después, uno de ellos me ha hecho comprender que soy su prisionero, pero el otro me cogió de la mano, no sabía ni inglés ni francés, pero en alemán pudimos entendernos; me contó que era feliz por ver a uno de la Cruz Roja por aquí, que él había sido prisionero en Alemania, y que le debe la vida a la delegación de la Cruz Roja que intervino para salvarle. Me dijo que para él, yo era más que un hermano, que haría todo lo que yo le pidiera. “Vamos a Der Yassin entonces”, le dije.

Llegamos a una distancia de 500 metros del pueblo, y tuvimos que esperar un largo tiempo para obtener un permiso de entrada; cada vez que se intentaba cruzar hacia el lado judío se exponía uno al fuego de los árabes, y los del Irgun tampoco querían facilitar las cosas; finalmente se me acercó un hombre del Irgun, tenia una mirada fría, muy dura y extraña. Le dije que estaba en un acto humanitario, que no pretendía hacer una investigación, solo quería ayudar a los heridos y contar los muertos, les expliqué que los judíos firmaron los Convenios de Ginebra, así que estoy en una misión oficial. Esta frase ultima le enfureció, me dijo que aquí solo mandaba el Irgun y nadie más, ni siquiera la Agencia Judía. El hombre que me guió al escuchar el alboroto intervino. Después, me dijo el oficial que podía hacer lo creyera conveniente, pero bajo mi propia responsabilidad. Me contó la historia de ese desgraciado pueblo, que según él lo habitaban 400 árabes, que vivían siempre desarmados, convivían bien con los judíos que les rodeaban, todo esto siempre según ese oficial. Pero llegaron los del Irgun hace 24 horas y ordenaron con la megafonía a todos los habitantes evacuar el pueblo y rendirse. Quince minutos después del escueto aviso, algunas personas salieron y fueron tomadas como prisioneros, acto seguido, empezaron a disparar hacia las líneas árabes, el resto que no obedeció las ordenes se enfrentó a su suerte. “Pero no hay que exagerar solo hay algunos muertos, que nada más terminemos de las operaciones de limpieza del pueblo los vamos a enterrar”.

Esta historia del oficial me ha causado escalofríos, decidí volver a Jerusalén para buscar un camión o una ambulancia, lo hice y llegué con mi pequeña caravana, entonces de la parte árabe ya no se disparaba. Vi a fuerzas judías con uniformes iguales todos, entre ellos pequeños, adolescentes, hombres y mujeres armados con muchas pistolas, ametralladoras, bombas y grandes cuchillos. Vi a una pequeña muchacha con ojos muy criminales, vi su arma goteando sangre, y llevaba el cuchillo como si de una medalla se tratara. Ese era el equipo de limpieza, que seguramente ha llevado a cabo la tarea de una manera muy satisfactoria.

Intenté entrar en uno de los edificios, me rodeaban 10 soldados, dirigían sus armas hacía mi, el oficial me prohibió entrar en aquel sitio, dijo que ellos se encargarían de sacar los cadáveres hasta donde estoy. Me puse nervioso y expresé a esos criminales lo mal que me sentía a raíz de su comportamiento, que no aguantaba mas y empecé a empujarlos. Finalmente pude entrar.

La primera habitación estaba a oscuras, desordenada y no había nadie; en la segunda encontré entre mantas y muebles destrozados cadáveres fríos, se les había ametrallado después de tirar alguna que otra granada, y finalmente se les apagó el resto de vida a base de cuchillo.

Lo mismo ocurría en la siguiente, pero cuando me dispuse a salir, pude oír algo como un quejido, empecé a buscar en todas partes y tropecé con un pie pequeño que aun estaba caliente, era una niña de 10 años, estaba herida de gravedad por una granada, pero aún vivía. Quise llevármela conmigo pero el oficial se interpuso y cerró la puerta de salida, le empujé y con la ayuda del soldado que estuvo prisionero en Alemania salí con mi trofeo.

Los coches ambulancia partieron totalmente cargados y con orden de vuelta al lugar. Animado por el hecho de que no se atrevían a atacarme directamente, decidí que había que continuar.

Di ordenes para cargar unos camiones con los cadáveres que había encontrado, luego seguí entre las demás casas, y en cada una se repetía aquella terrible escena. Solo encontré dos personas vivas, dos mujeres, una de ellas una anciana que se escondió durante las 24 horas pasadas sin un solo movimiento.

Se encontraban 400 personas en el pueblo, 50 se escaparon de la carnicería, tres supervivieron a la carnicería, el resto fue degollado y tiroteado según ordenes de los jefes de la milicia, de la cual hay que resaltar su disciplina a la hora de acatar ordenes.

Volví a Jerusalén, me enzarcé con los de la Agencia Judía por no poder controlar, según ellos, a los 150 mujeres y hombres responsables de la matanza.

Fui a ver a los árabes, no conté nada de lo que vi, pero les dije que después de una visita relámpago al lugar pude constatar que había algunos muertos, me limité a preguntarles cómo podía enterrarlos y dónde. Me pidieron que fuese en un lugar que se pudiese distinguir fácilmente, así lo prometí. Pero al volver a Der Yassin, los del Irgun estaban muy ariscos e intentaron impedir que me acercara al lugar y entendí rápidamente el por qué después de ver cuántos muertos había y el estado lamentable de los cadáveres, que estaban ya fuera de las casas, tendidos sobre las aceras de la calle principal. Pedí con determinación ser yo el que los enterrase; después de una discusión, empezaron a cavar una gran fosa en un pequeño jardín, era imposible verificar la identidad de los muertos, no llevaban palpes, pero les describí con todo los detalles, estimando las edades.

Dos días después, se esfumaron los del Irgun del lugar y fueron reemplazados por el Haganá, y descubrimos varios lugares donde se acumuló sin ningún respeto otros cadáveres al aire libre.

Dos hombres con portes respetables aparecieron en mi despacho, era el líder del Irgun y su ayudante, llevaban un texto que querían que yo se lo firmase, rezaba que había conseguido de ellos todo tipo de ayuda para hacer mi tarea, y finalmente que yo les agradecía su colaboración conmigo.

No dudé en discutirles lo que me pedían, y me dijeron que si me importaba algo mi vida, tenia que firmar el texto de inmediato.

¡asesinos!. Mediante el asesinato, el exterminio y la limpieza etnica por el más fuerte (el sionismos) empezó el Estado Okupa de Israel.

2º) Masacre de Sabra y Chatila

Que linda que era Beirut, para quedarse dormido, con el rumor de los cedros y los mares azulinos.
—Juana Dib

Fusilamiento en Sabra y Chatila

Entre el 16 y 18 de septiembre de 1982, con la complicidad de Israel, las fuerzas de la Falange Libanesa masacraron a la población palestina en los campamentos de Sabra y Chatila. Las tropas israelíes, que en ese momento ocupaban Beirut y eran comandadas por Ariel Sharon como ministro de Defensa, permitieron la entrada a los campamentos de las milicias libanesas para que perpetraran una masacre contra una población compuesta principalmente de adolescentes, niños y mujeres. Esta masacre mereció la calificación de acto de genocidio por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas a través de su resolución 37/123.

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[editar]Masacre Sionista

Portada de la revista Time del 27 de septiembre de 1982, dedicada a la masacre de civiles palestinos en Sabra y Chatila.

Sabra y Chatila eran dos campos de las Naciones Unidas para albergue de los exiliados palestinos, en los arrabales de la ciudad de Beirut, capital de la República del Líbano.

Estos dos campamentos -como resultado de la invasión israelí a el Libano y de la posterior evacuación de las tropas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) convenida entre las partes, con la intervención de los Estados Unidos- quedaron bajo control y jurisdicción del Ejército de Israel, el cual, moral y jurídicamente, era responsable y garante de la vida de los moradores de esos dos campamentos, de acuerdo con las Convenciones Internacionales respectivas.

La conspiración

Entre los días 16 y 18 de septiembre de 1982 y como resultado de una conspiración urdida por los jefes del Ejército israelíde ocupación, los campamentos fueron invadidos por bandas criminales que, con amplio respaldo logístico de las tropas sionistas -incluyendo una profusa iluminación de los campamentos con luces de Bengala- procedieron a masacrar a la inerme población civil. Esa población civil era en su mayoría ancianos, mujeres y niños, provocando un número de víctimas fatales las que, según la procedencia de la información, varía entre los 1.500 y los 3.000. En su furia homicida los criminales no respetaron ni a los animales domésticos y con idéntica saña ametrallaron caballos y perros. Luego procedieron a derrumbar viviendas para sepultar a las víctimas entre los escombros.

La difusión por los medios de comunicación de esta incalificable masacre produjo un estremecimiento de horror en la opinión pública mundial y desde los más diversos sectores se alzaron airadas voces de protesta clamando el total esclarecimiento de los hechos y el castigo tanto de los responsables como de sus agentes actores.

Comisión Ad Hoc

Mientras el gobierno israelí creó una comisión ad hoc para investigar lo sucedido en Sabra y Chatila (Ver: Comisión Kahan), por otro lado un grupo de juristas de reconocido prestigio internacional de los Estados UnidosCanadáFranciaSudáfrica e Irlanda, creó una comisión para investigar las violaciones israelíes de las leyes internacionales en el Líbano. Presidente de la comisión fue designado el poeta irlandes y Premio Nobel de la Paz, Sean Mac Bride.

Comisión internacional

Empero y mientras la comisión ad hoc israelí resultaba ser nada más que un subterfugio para enmascarar y diluir responsabilidades y una válvula de escape para la creciente presión de la opinión pública, la comisión internacional presidida por Sean Mac Bride ponía en descubierto todos los detalles de la confabulación urdida para perpetrar tan horrendo crimen.

Misión de la Liga de los Estados Arabes

 

ISRAEL NACIÓ CON EL ASESINATO, CRECIÓ CON EL ASESINATO Y ACABARÁ SUS DÍAS EXTERMINADA POR SEGUNDA VEZ DE UNA MANERA MÁS VIOLENTA QUE LA PRIMERA.

3º) Nakba: LIMPIEZA ETNICA Y GENOCIDIO DEL PUEBLO PALESTINO QUE NO TENÍA ARMAS. NO HAY NADA MÁS HORRIBLE, NI EL HOLOCUENTO QUE NOS CUENTAN ESTOS Y QUE NO SE PUEDE CREER POR LOS DATOS QUE LES EXPLICARÉ OTRO DÍA. ELLÓS, LOS SIONISTAS, SI QUE ASESINARON A PUEBLOS DE AGRICULTORES INDEFENSOS

Los palestinos despojados de sus hogares y tierras por el ejército sionista marchan al exilio.

Los palestinos llaman a lo que les pasó en 1948 Nakba, que en árabe significa “catástrofe”. Lo perpetraron los dirigentes sionistas que querían establecer el Estado de Israel en las tierras de los palestinos pero sin los palestinos.

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Limpieza étnica y el nacimiento de Israel

Durante el Nakba, a la fuerza obligaron a casi un millón de palestinos (la mitad de la población en ese entonces) a dejar sus tierras, aldeas y hogares, a huir con lo que podían cargar. A muchos los violaron, torturaron y masacraron. Para asegurar que no habría nada a que volver, arrasaron casi por completo las aldeas, olivares y naranjales de los palestinos. Cuando el Nakba terminó, había, ocurrido 31 matanzas documentadas y probablemente otras. Desterraron a 531 aldeas y once barrios urbanos.

Cambiaron los nombres de aldeas y caminos al hebreo. Destruyeron mezquitas antiguas e iglesias cristianas. Levantaron parques, pinares (árboles no nativos de la región) y colonias israelíes encima de muchas antiguas aldeas palestinas. Todo eso tuvo por objeto eliminar todo rastro físico de que las tierras que pertenecían a los palestinos y dar por concluido definitivamente el Nakba.

¿Cuántas veces se ha discutido acerca de la situación de los palestinos con defensores de la existencia del Estado israelí y escuchado el argumento de que el problema se debía a la intolerancia palestina a los colonos judíos? ¿Cuántos individuos saben, o admiten, que desde el principio el sionismo se puso a expulsar de manera permanente a los palestinos de sus tierras? En muchos países occidentales, la negación del Nakba es tan obligatoria como lo es expresar rechazo por el Holocausto. ¿Cómo pasó eso?

La limpieza étnica de Palestina, de Ilan Pappe, un historiador israelí y conferencista de la universidad de Haifa, explora los años del Nakba (Oxford: One World Publisher, 2006). La premisa es que el Nakba no era sino un acto de limpieza étnica, por derecho internacional considerado un crimen de lesa humanidad. Para sustentar esta teoría, el autor da varias definiciones de diferentes fuentes actuales, como “una zona de diversas etnias que se está convirtiendo en un espacio étnico puro”. Ilustra cómo la matanza y/o la expulsión forzada de los armenios en Turquía, de los tutsis en Ruanda y de los croatas y bosnios en la antigua Yugoslavia es similar a lo que los sionistas hicieron en gran escala contra los palestinos en 1948 y que aún hacen hoy. Pappe traza una conexión entre la limpieza étnica y el colonialismo tal como sucedió en América del Norte y del Sur y en África y Australia.

]Fuentes primarias

Su investigación se basa en tres fuentes primarias: material recién desclasificado (años 1990) de los archivos del ejército israelí, el diario de David Ben-Gurionque incluye balances de muchas de sus reuniones, una nueva lectura del viejo material de hemeroteca por el prisma del paradigma de la limpieza étnica y el extenso análisis de los archivos de la historia oral de Palestina.

Pappe presenta un corto informe histórico antecedental sobre el Nakba y unos capítulos al final del libro acerca de la actual situación de los palestinos. A continuación presentamos una breve cronología de los principales sucesos antes del Nakba.

Las primeras colonias sionistas se fundaron en 1878, cuando Palestina, al igual que una buena parte del Medio Oriente, era una parte del Imperio Otomano. En 1917 al fin de Primera Guerra Mundial y con la derrota de los otomanos, el ejército británico invadió a Palestina y la ocupó. En ese mismo año, el lord británico Balfour lanzó la Declaración Balfour, que prometió un “hogar nacional” para los judíos en territorio palestino aunque según la mayoría de las fuentes, los judíos constituían al máximo sólo 8 por ciento de la población y aún menos según algunas estimaciones. La Liga de Naciones avaló la ocupación británica dándole un mandato para gobernar a Palestina. En 1938 estallaron fuertes combates entre los judíos y los palestinos. Las bombas de la organización militar sionista Irgun dejaron 119 palestinos muertos; las bombas palestinas dejaron ocho judíos muertos. En 1947 Gran Bretaña le dijo a la recién establecida Organización de las Naciones Unidas que se retiraría de Palestina. En noviembre del mismo, la ONU formalizó el plan de dividir a Palestina en dos Estados. En diciembre de 1947 los sionistas emprendieron las expulsiones en masa de los palestinos. Cuando los británicos se retiraron en mayo de 1948, los sionistas declararon la independencia. El Nakba continuó hasta los primeros meses de 1949.

El libro de Pappe revela cuán meticulosamente el movimiento sionista planeó y ejecutó la toma de tierras palestinas y el destierro (por la fuerza y el terror) de su población, y juego negó y mintió al respecto. Sitúa en su contexto histórico los planes israelíes contra la minoría palestina en Israel así como en CisjordaniaGaza, pone las cosas en claro acerca de las verdades que conceptualizan la situación de los palestinos hoy. Pappe menciona de paso el papel de Theodor Herzl, el fundador del movimiento sionista a fines del siglo 19, a fin de ilustrar cuán profundamente arraigado estaba el concepto de la “transferencia” de la población originaria y que la manera en que la mayoría de los israelíes ve hoy el “problema demográfico” es una continuación de la propuesta excluyente original de los sionistas. Un mapa de 1919 ilustra claramente las intenciones sionistas de apoderarse de toda Palestina. Los ideólogos de Herzl declararon que “fuereños” vivían en su tierra bíblica y por fuereño quería decir todo el que no era judío, aunque la mayoría de los judíos de Palestina se había ido después de los tiempos romanos. Además, una reciente encuesta demostró que el 68 por ciento de los judíos israelíes quiere que los palestinos ciudadanos de Israel sean “transferidos”.

Muchas denuncias del libro se refieren a David Ben-Gurion, uno de los cerebros y principales impulsores del proyecto sionista y la limpieza étnica que lo impuso. A partir de mediados de los años 1920, Ben-Gurion trabajaba de ministro de Defensa extraoficial (o ministro de Guerra) del aún no oficialmente establecido Estado y más tarde primer ministro fundador. Trabajó en el mundo y en la región para organizar a otros sionistas en apoyo a sus métodos y metas. Se discutió por primera vez la limpieza étnica en su casa con un grupo de elementos de seguridad y expertos en “asuntos árabes” (judíos que crecieron en la región y que hablaban árabe) quienes asesoraran a futuros gobiernos de Israel (Pappe lo llama la Consultoría). Sus ideas para el establecimiento de un Estado sionista eran ambiciosas y estratégicas. Consideraba que sólo se podía lograr por medio de la fuerza, pero que los sionistas tenían que esperar el momento histórico oportuno para poder abordar “en términos militares” (como Ben-Gurion dijo) la realidad demográfica en el terreno: la presencia de una población originaria no judía mayoritaria. Cuando en 1937 los británicos le ofrecieron un futuro Estado a la comunidad judía (en un porcentaje mucho más pequeño de la tierra que lo que la ONU le dio en 1948), lo aceptó como un buen comienzo porque formalizó la idea. Tenía planes mucho más ambiciosos. En 1942 Ben-Gurion proclamó públicamente el plan sionista de tomarse toda Palestina, pero más tarde se dio cuenta de que el plan no era realista y que el 80 por ciento sería suficiente para un Estado israelí viable.

]Proyecto

El libro menciona un importante proyecto estratégico guiado por Ben-Gurion: el “proyecto de aldeas” de mapear todo el territorio palestino. Con fotografía aérea, se registraron los detalles de cada aldea palestino: las rutas de acceso, la calidad de la tierra, las fuentes de agua, las principales fuentes de ingresos, la composición socio-política, las afiliaciones religiosas, los nombres de los muhktars (jefes tradicionales de las aldeas), la relación con otras aldeas, la edad de cada hombre y un índice de la “hostilidad” hacia el proyecto sionista basado en aquellos que participaron en la revuelta de 1938 contra la política británica de permitir el aumento de la migración de los judíos a Palestina (entre ellos quienes habrían matado a judíos).

Aquellos que trabajaron en el mapeo de las aldeas comprendieron que este banco de datos no era solamente una actividad académica de geografía. Un individuo quien participó en una de estas operaciones para recabar datos en 1940 rememoró muchos años después: “Teníamos que estudiar la estructura básica de la aldea árabe. O sea, la estructura y la mejor forma de atacarla… cómo acercarse a la aldea desde arriba o acercársele desde abajo. Teníamos que capacitar a nuestros ‘arabistas’ (los orientalistas quienes operaban una red de colaboradores) para trabajar con informantes”.

El libro describe otra inquietud de Ben-Gurion y la Consultoría: el “equilibrio demográfico” entre judíos y árabes en Palestina. Cuandoquiera que una mayoría de palestinos viviera en una zona se le consideró un desastre. Se adoptó un plan público para fomentar la mayor inmigración judía. Pero los judíos quienes venían trasladándose a Palestina desde los años 1920 prefirieron vivir en las zonas urbanas donde vivían judíos y palestinos en números iguales, mientras que en el campo vivía una abrumadora mayoría de palestinos. Los sionistas captaron que la inmigración no contrarrestaría a la mayoría palestina y que otros medios serían necesarios. En 1937 Ben-Gurion le dijo a su cábala que la “‘realidad’ de una mayoría palestina obligaría a los colonos judíos a usar la fuerza para concretar el ‘sueño’: una Palestina completamente judía”“Tenemos que ver claramente la severidad y la particularidad de esta nueva realidad. Tal configuración demográfica cuestiona nuestra capacidad de mantener la soberanía judía”“O se puede arrestarlos en masa o expulsarlos. Más vale expulsarlos”.

Partición

Cuando los británicos decidieron salir en 1947, el problema de Palestina pasó a la ONU, que, como los británicos, aceptó los reclamos sionistas sobre el territorio palestino y que la partición de Palestina era la mejor manera de resolver el problema. Aun cuando se aceptara la lógica sionista, una partición según la población relativa habría dejado menos del 10 por ciento del territorio para un Estado judío. Pero después de largas negociaciones, la Resolución de Partición 181 de noviembre de 1947 de la ONU les dio el 56 por ciento de Palestina a los sionistas. Jerusalén, a causa de su importancia religiosa al judaísmo, al cristianismo y al islam, se conservó como ciudad internacional, pero una buena parte de las tierras más fértiles quedaron en la parte sionista. Aunque decepcionado de nuevo, Ben-Gurion apreció el reconocimiento internacional del Estado judío e ignoró la sección que estipuló cuánto y cuál territorio. Declaró que las fronteras de Israel “se determinarán por la fuerza y no por la resolución de partición”. Ben-Gurion eludió con habilidad la mínima oposición mundial que había a sus planes. Aunque los sionistas decían públicamente que apoyaban la Resolución, en el país empezaron a ejecutar sus propios planes. El fenómeno de ignorar las negociaciones “antes de que se secara la tinta” llegó a ser una característica de las negociaciones posteriores y actuales de Israel.

Pappe cuenta cómo los dirigentes árabes se opusieron a la partición de Palestina y boicotearon las negociaciones de la ONU. Se negaron a participar porque la división de sus tierras con una comunidad de colonos (entonces un tercio de la población, que tenía sólo el 6 por ciento de la tierra y que desde hace mucho había proclamado que quería desarabizar a Palestina) era ilegal e injusta. La Resolución 181 generó gran ansiedad en el seno de los palestinos, pues veían venir el choque con los sionistas. Se inició la matanza en diciembre de 1947, antes de que los británicos dejaran Palestina.

Pappe describe la combinación de planificación meticulosa e iniciativas “no autorizadas” de los grupos militares terroristas, como el Irgun, la pandilla Stern y las Palmaj (unidades de comandos especiales pioneros en la construcción de las colonias judías). Con un grupo de militares y civiles, con algunas figuras conocidas como Moshe Dayan (un jefe militar quien era comandante del ejército durante la crisis del Suez de 1956 y ministro de Defensa durante la guerra de seis días de 1967) y Yitshak Rabin (un general y dos veces primer ministro, asesinado en 1995), Ben-Gurion estableció y dirigió los planes para preparar a las fuerzas militares de la comunidad judía para una ofensiva contra los palestinos. El Plan C (una versión revisada del Plan A y B) detalló las acciones a tomarse: matar a los líderes políticos palestinos y a aquellos quienes los apoyaban económicamente, matar a los palestinos quienes actuaban contra los judíos matando a funcionarios y oficiales, atacar a aldeas que parecían más combativas y podrían resistir los futuros ataques del ejército israelí, y dañar las fuentes de sustento de los palestinos. Luego, se trazó el Plan Dalet (o Plan D), el plano para la expulsión sistemática y total de los palestinos de su patria. El Plan D describió así las operaciones: “Destruir aldeas (prendiéndoles fuego, volándolas con explosivos y sembrando minas en los escombros) y sobre todo esos centros de población que son difíciles de controlar de manera constante; o lanzando operaciones combinadas según los siguientes lineamientos: cercar a las aldeas y llevar a cabo allanamientos. En caso de resistencia, hay que eliminar a las fuerzas armadas y expulsar a la fuerza a la población del territorio del Estado”.

En el curso de llevar a cabo el Plan D, lo que le inquietaba a los dirigentes sionistas no era tanto la resistencia de los palestinos u otros árabes quienes pudieran acudir en su defensa, porque los Estados árabes oponían una resistencia a medias y sus soldados tenían pésimo entrenamiento y armamento. Públicamente los dirigentes sionistas deliraban acerca de la posibilidad de un “segundo Holocausto”, esta vez proveniente de los árabes, pero en secreto bien sabían que a la retórica de guerra de los Estados árabes no la complementaban preparativos serios en el terreno. En muchos casos, los soldados árabes ignoraron a los vacilantes oficiales de los ejércitos de los Estados árabes y tomaron la iniciativa y combatieron con valor en defensa de los palestinos. Los dirigentes sionistas temían principalmente al ejército británico. Pero mientras que aún estaba en Palestina, el ejército británico raras veces intervenía contra las matanzas, aun cuando la población árabe de la región se le suplicara.

Expulsiones

Las expulsiones empezaron en diciembre de 1947, en aldeas y pueblos más grandes. La siguiente descripción condensada proviene del libro de Pappe sobre lo que pasó en Haifa a la vista de los británicos. La mañana después de la resolución de la ONU, el Haganá (el grupo militar principal que llegaría a ser el ejército israelí) y el Irgun (una escisión inicial del Hagana, encabezado por el futuro primer ministro Menachem Begin, que más tarde también llegó a ser parte del ejército) lanzaron una campaña de terror contra los 75.000 palestinos de Haifa. Los colonos judíos quienes se habían establecido ahí en los años 1920 y vivían en las colinas alrededor de la ciudad participaron en los ataques con las unidades militares sionistas.

Usaron varias tácticas. Una andanada de bombardeos y fuego de francotiradores cayó sobre los palestinos; se vertió una mezcla de petróleo y combustible en los caminos y se le prendió fuego; se rodaron barriles llenos de explosivos hacia las zonas palestinas. Cuando los palestinos apanicados salieron a apagar los incendios, los rociaron con fuego de metralleta. Los judíos quienes se hacían pasar como palestinos llevaron carros llenos de explosivos a los talleres de reparación de los palestinos y los detonaron. En una refinería en Haifa, judíos y árabes habían trabajado hombro a hombro y tenían una larga historia de solidaridad en su lucha por mejores condiciones laborales contra sus patrones británicos. El Irgun, que se especializaba en echar bombas contra muchedumbres árabes, lo hizo en esta refinería. Los obreros palestinos reaccionaron matando a 39 obreros judíos, una de las peores y una de las últimas escaramuzas de represalia en ese período. Luego, las unidades del Hagana fueron a uno de los barrios árabes de Haifa, Wadi Rushmiyya, expulsaron a los habitantes y volaron las casas con explosivos. El ejército británico miró a otro lado mientras que se cometían estas atrocidades. Dos semanas después, las Palmach fueron al barrio Hawassa de Haifa, donde alrededor de 5.000 de los más pobres árabes vivían en pésimas condiciones. Volaron con explosivos las chozas y la escuela, lo que obligó a la gente a huir. Pappe considera este incidente como el comienzo oficial de la operación de limpieza étnica en la Palestina urbana.

En marzo de 1948, Ben-Gurion le dijo al Ejecutivo de la Agencia Judía“A mi parecer, la mayoría de las masas palestinas acepta la partición como un hecho consumado y no cree que es posible superarla o rechazarla… La mayoría decisiva de ellos no quiere luchar con nosotros”.

Los ejércitos de los países árabes no podían contra las unidades clandestinas bien equipadas del ejército sionista que habían recibido armas de Gran Bretaña, la Unión Soviética y Checoslovaquia. Las fuerzas irregulares árabes emboscaron convoyes israelíes pero no atacaron a las colonias judías. La Consultoría decidió que la cruel venganza no era suficiente y que se necesitaba cambiar a acciones más drásticas.

Bajo el pretexto de las iniciativas del mundo árabe de rescatar a los palestinos, Ben-Gurion azuzó los temores en la comunidad judía y los cultivó con tanto esmero que superaron cualquier oposición que estas tácticas engendrarían. La “seguridad” del Estado judío (entonces como hoy) llegó a ser el avasallante temor que permitió que muchos israelíes y gente de fuera del país pretendieran no ver qué hacían los dirigentes sionistas y qué constituía su plan.

Antes de marzo de 1948, los dirigentes sionistas aún presentaban sus actividades como represalias contra acciones hostiles árabes. Pero dos meses antes de la retirada de los británicos, declararon abiertamente que se apoderarían del territorio y que expulsarían a la población originaria por la fuerza. Cuando los británicos se fueron en mayo, los sionistas declararon su Estado. Estados Unidos y la Unión Soviética lo reconocieron oficialmente. Avanzaron a todo vapor las crueles expulsiones y la palabra “venganza” ya no se refería a lo que hacían las fuerzas militares israelíes. Ben-Gurion dijo: “Cada ataque tiene que llevar a la ocupación, la destrucción y la expulsión”. Ya no era necesario distinguir entre el “inocente” y el “culpable”. Los ataques preventivos y los daños colaterales llegaron a ser aceptables y necesarios.

Deir Yassin (YA VISTO MÁS ARRIBA).

(Artículo principal: Masacre de Der Yassin)

En una colina al oeste de Jerusalén estaba la aldea de Deir Yassin. La matanza ahí es conocida por todo el mundo pero cabe mencionarla como reflejo de la naturaleza sistemática del Plan D aplicado a cientos de aldeas por toda Palestina. Pappe describe cómo el 9 de abril de 1948 soldados judíos irrumpieron en la aldea y rociaron las casas con fuego de metralleta y masacraron a mucha gente. “A los aldeanos que quedaban los juntaron en un lugar y los masacraron a sangre fría, maltrataron los cuerpos, y a varias mujeres las violaron y luego las mataron”.

“Fahim Zaydan, quien entonces tenía doce años, recuerda cómo vio a su familia asesinada: ‘Nos sacaron uno a uno; balearon a un anciano y cuando una de sus hijas lloró, a ella también la balearon. Después, llamaron a mi hermano Muhammad y lo balearon ante nosotros, y cuando mi madre gritó y se inclinó sobre él, con mi pequeña hermana Hudra que aún amamantaba en los brazos, a ella también la balearon’. A Zaydan también lo balearon, mientras estaba parado en un grupo de niños que los soldados judíos habían alineado contra una pared, a los cuales habían rociado con balas por diversión, antes de irse. Tenía suerte de sobrevivir”.

Cuando entraron a las aldeas, las destruyeron y juntaron a los aldeanos. Se tomaron decisiones acerca de a quién dejar vivir y a quién matar. Agentes de inteligencia en el terreno ayudaron a los oficiales militares en esta tarea. Los agentes, con la ayuda de colaboradores de la localidad (espías encapuchados), identificaban a diferentes individuos para el jefe de los agentes.

Israel y los palestinos hoy

Como resultado del Nakba, ahora hay casi 4.5 millones de palestinos dispersos por todo el mundo, además de 1.4 millones bajo ocupación militar israelí en Cisjordania y 1.3 millones en Gaza, un territorio desértico anteriormente poco poblado donde hoy viven refugiados hacinados en campamentos y aldeas. Aproximadamente 1.5 millones de palestinos siguen viviendo en Israel como ciudadanos de segunda. La población judía de Israel es de unos 5.5 millones. El Estado sionista hoy ocupa aproximadamente el 78 por ciento de la Palestina histórica, sin contar el creciente numero de colonias israelíes en Cisjordania. Esto no tiene ningún paralelo en el mundo: un Estado que se ha construido a conciencia, desde el principio, para un pueblo, una cultura, sobre bases religiosas y sin fronteras permanentes formales.

El argumento de Pappe de que el Nakba era un acto de limpieza étnica es convincente. El plan sionista de castigo consciente transformó la geografía humana y física de Palestina a fin de borrar la historia y cultura de Palestina y así negar cualquier reclamo futuro que los palestinos pudieran hacer en defensa de sus tierras. En los años desde el Nakba, la máquina de muerte que es el ejército israelí ha continuado su trabajo sucio. Pappe enumera lo siguiente: en Kfar Qassim en octubre de 1956 las tropas israelíes masacraron a 49 aldeanos que volvían de sus campos. Qibya en los años 1950; Samoa en los años 1960; las aldeas de Galilea en 1976, las masacres en los campamentos de refugiados Sabra y Chatila en el Líbano en 1982, Kfar Qana en 1999, Wadi Ara en 2000 y el campamento de refugiados de Jenin en 2002. No ha parado la matanza de palestinos por Israel.

Pappe concluye el libro con la esperanza de que los israelíes se despierten de su torcida aspiración a retribuciones, abandonen el racismo y el fanatismo religioso y tomen conciencia de la verdad que cuenta el libro. Piensa que no aceptar el derecho de los palestinos a regresar es lo mismo que seguir defendiendo el enclave de apartheid “blanco” y la Fortaleza Israel. Dice que los palestinos y los judíos coexistieron en paz antes del Nakba y aun hoy muchos tienen fuertes lazos sociales. Eso muestra que los dos pueblos pueden vivir en armonía. Llama a transformar a Israel en un Estado laico y democrático.

El libro de Pappe no trata el papel central que Israel ha estado jugando como bastión de los intereses imperiales norteamericanos en el Medio Oriente. Sin el apoyo militar y político del gobierno estadounidense y sin el apoyo económico sin precedente que es tan medular para la sociedad israelí y su estilo de vida ($3 mil millones al año de ayuda del gobierno estadounidense, y el dinero de particulares que alienta el gobierno estadounidense), Israel no sería lo que es hoy, si por caso existiera. No obstante, por su precisión histórica y como recordatorio vívido de la tragedia del Nakba, vale la pena leer el libro.

por Palestinalibre.org

SOLO LES AGRADEZCO QUE PIENSEN CON LA CABEZA Y NO CON LO QUE LOS SIONISTAS QUIEREN QUE PIENSEN. VEAN LOS ARTÍCULOS DE TODO TIPO DE OPINIONES Y JUZQUEN.

QUE DIOS NOS AYUDE A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD PARA ACABAR CON LA CASA DEL DEMONIO EN LA TIERRA Y LOS ADORADORES DEL DEMONIO SATANÁS.

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