Por la ilegalización de los partidos y asociaciones independentistas

Las ideas no se pueden prohibir, pero sí las organizaciones que las difunden. Paradójicamente, aquellos que defendemos la unidad de España y los derechos de los españoles hemos padecido, en múltiples ocasiones, el mazazo inmisericorde, en forma de detenciones e ilegalizaciones, de una justicia arbitraria.

Y es que en España ser patriota es algo que está muy mal visto. Los medios de comunicación y la izquierda estigmatizan y criminalizan a las personas que defienden la libertad, la unidad y la solidaridad entre los españoles. Sin embargo, elevan a la categoría de interlocutores de primer orden y máxima dignidad a aquellos que, desde partidos políticos independentistas, siembran el odio y la exclusión.

El texto de la Constitución es una de las fuentes de los males que afectan a la convivencia entre los españoles. Preceptos abiertos a muy diversas interpretaciones que, sin embargo, siempre han sido favorables a los desleales. Vaguedades y dádivas que, en aquella nefasta y cobarde Transición, se otorgaron de forma innecesaria. La Constitución es un texto malo en sí mismo. Sin embargo, ante las amenazas de reforma constitucional queda encomendarse a todo lo encomendable y orar para “que me quede como estoy”.

Pero si se puede interpretar la Constitución a favor de los independentistas, tal y como lo han consentido durante décadas desde el Gobierno, también habría margen para hacerlo en sentido inverso. Es el caso del artículo dos, en el cual se señala que “la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”.

Es por ello del todo incomprensible que existan partidos políticos y asociaciones, legalmente constituidos, cuya finalidad es la de destruir el fundamento mismo del actual marco jurídico.

Como puede verse, el Gobierno contaba con toda una panoplia de medidas contra el independentismo. Ha habido inquilinos de La Moncloa, apoyados por sólidas mayorías absolutas, que bien pudieran haber desarticulado el separatismo o frenarlo en seco. Sin embargo, los secesionistas han avanzado y engordado gracias a la inoperancia y falta de decisión. Las carcajadas de Mas, Junqueras, Otegui, Puigdemont, Josu Ternera, Anna Gabriel, Rufián y tantos otros aún resuenan por ello.

Ángel Aguado

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