Una mujer de 50 años dará a luz a su nieto en el primer caso de gestación subrogada en Portugal

 

 

Isabel siempre quiso tener hijos, y cuando se casó con Miguel hace unos años lo hizo con la ilusión de estar dando el paso hacia ese objetivo. Poco después, sin embargo, esta joven portuguesa empezó a sufrir terribles dolores en el abdomen. En el hospital los médicos le diagnosticaron la endometriosis, condición que consiste en el crecimiento descontrolado del tejido endometrial fuera del útero, proceso que deja a quienes padecen esta enfermedad en un estado de agonía constante.

En un intento de solucionar el problema, Isabel se sometió a más de 10 operaciones, ninguna de ellas exitosas. Finalmente los médicos le informaron quela única manera de poner fin al dolor sería extrayéndole el útero. A sus 30 años, la portuguesa se quedó desolada al encontrarse obligada a renunciar al sueño de tener un hijo propio.

Esa desolación se vio reemplazada por la esperanza el año pasado, cuando la Asamblea de la República lusa legalizó la gestación subrogada en el país vecino, legislación que fue promulgada formalmente hace un mes. En cuanto los plazos legales quedaron establecidos, Isabel sometió su petición para obtener el permiso del Estado para llevar a cabo la gestación subrogada, este viernes recibió la noticia más bienvenida: la Comisión Nacional de Procreación Médicamente Asistida daba luz verde a su aplicación, convirtiéndola en la primera madre beneficiada por este tipo de proceso.

El caso de Isabel -que prefiere mantenerse en el anonimato hasta tener confirmación de que el embarazo ha sido realizado con éxito- representa un hito histórico para Portugal, pues no sólo se trata de la primera gestación subrogada legalmente aprobada, sino que será la primera en la que la madre gestante guarda relación directa con la madre beneficiada. Se trata de María, la madre de Isabel, una mujer de 50 años que ya es abuela, y que ahora se ofrece a ser quien llevará a término el embarazo de su futuro nieto.

En declaraciones al diario Expresso, Maria afirma que su decisión de ser la madre gestante de su nieto es “un acto de amor” que es en partes iguales legal y moral, pues “Dios también es padre”. Quien será tanto madre y abuela de la criatura asegura que su participación en el proceso no le supone ningún riesgo sanitario y que, tal y como dicta la legislación vigente, cuenta con el visto bueno de un equipo de médicos especializados en reproducción asistida. No obstante, la portuguesa afirma que incluso si fuese un órdago más complicado, insistiría en llevarlo a cabo.

“No tengo dudas, lo haría hasta si hacerlo implicase poner mi vida en riesgo, pues lo hago por un bien mayor. Mi hija ha pasado por todo y en ningún momento ha perdido su fuerza de voluntad y coraje, hasta en los momentos que parecía que el destino le cerraba todas las puertas”.

“Quiero que mi hija tenga la oportunidad de tener hijos. Si yo puedo ser quien la ayuda tenerlos, ¿cómo podría rechazar esa posibilidad?“.

Gestación solidaria

La participación de Maria encaja con la intención de los diputados que participaron en la redacción de la legislación lusa, quienes querían evitar a toda costa que la gestación subrogada se convirtiese en un negocio en el país vecino.

La ley dicta que los “vientres de alquiler” en Portugal tienen que ser solidarios: la madre gestante no puede cobrar por llevar el embarazo a cabo. Por este motivo, desde el principio se imaginó que las mujeres que se prestarían al proceso serían familiares o amigas muy estrechas de las familias beneficiadas. No obstante, el requisito que la madre gestante se encontrase médicamente capaz de llevar el embarazo a su término sin riesgo para su salud hizo que pocos imaginaran casos como el de Maria e Isabel.

Desde su promulgación a principios de agosto 44 parejas han registrado peticiones ante la CNPMA, entidad que da la luz verde inicial a las aplicaciones de gestación subrogada. Tras recibir el visto bueno de la institución, cada aplicación pasa a ser analizada por la Orden de los Médicos lusos, que tiene la obligación de dar una opinión no vinculante sobre el proceso en un plazo máximo de 60 días. Una vez realizada esta consulta, la CNPMA tiene una última oportunidad para desestimar la petición; de no hacerlo, se puede realizar la gestación.

Las parejas que quieran acceder al proceso deben ir a un centro de reproducción asistida -público o privado- que acredite la infertilidad de la mujer. Aunque todos los procesos de fecundación se tienen que realizar en Portugal y la documentación tiene que estar redactada en portugués, no hay requisito que limite la participación a ciudadanos lusos, y actualmente hay 13 parejas extranjeras inscritas en el registro de la CNPMA.

Sólo contempla esta opción en casos en los que la madre beneficiada tenga problemas de fertilidad, que haya nacido sin útero o que haya sufrido una lesión que le impida llevar el embarazo a término. Al ser contemplada como una ley que da respuesta a situaciones de incapacidad médica, las parejas de hombres homosexuales no podrán acceder a este procedimiento, e igualmente quedan vetadas las mujeres que quieren procrear pero evitar el embarazo, como también los hombres solteros que quieran tener hijos.

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