EL MUNDIALISMO NOS DOMINA MEDIANTE INFORMACIÓN EN MASA DIGERIDA Y DIRIGIDA POR ELLOS. NOS ESTÁN HACIENDO LAVADO DE CEREBRO.

 

 


¿Te has preguntado alguna vez porqué nadie reacciona ante la infame oleada de opresión y abusos de todo tipo que estamos sufriendo?

¿No te produce perplejidad el hecho de que tras tantas y tantas revelaciones sobre casos de corrupción, injusticias, robos y burlas a la ley y a la población en general, a la cual se le ha robado literalmente el presente y el futuro, no suceda absolutamente nada?

¿Te has preguntado porqué no estalla una Revolución masiva y por qué todo el mundo parece estar dormido o hipnotizado?

Estos últimos años se han hecho públicas informaciones de todo tipo que deberían haber dañado la estructura del Sistema hasta sus mismísimos cimientos y sin embargo la
maquinaria sigue intacta, sin ni tan solo un arañazo superficial.

Y esto pone de manifiesto un hecho extremadamente preocupante que está sucediendo justo ante nuestras narices y al que nadie parece prestarle atención.

SABER LA VERDAD YA NO IMPORTA

Parece increíble, pero los acontecimientos lo demuestran a diario.

La información ya no tiene relevancia

Desvelar los más oscuros secretos y sacarlos a la luz ya no produce ningún efecto, ninguna respuesta por parte de la población.

Por más terribles e impactantes que sean los secretos revelados.

Durante décadas hemos creído que los luchadores por la verdad, los informadores capaces de desvelar asuntos encubiertos o airear los trapos sucios, podían cambiar las cosas.
Que podían alterar el devenir de la historia.

De hecho, hemos crecido con el convencimiento de que conocer la verdad era crucial para crear un mundo mejor y más justo y que aquellos que luchaban por desvelarla eran el mayor enemigo de los poderosos y de los tiranos.

El caso de España es palmario.

Un país inmerso en un estado de putrefacción generalizado, devorado hasta los huesos por los gusanos de la corrupción en todos los ámbitos: el judicial, el empresarial, el sindical y sobretodo el político.
Un estado de descomposición que ha rebosado todos los límites imaginables, hasta salpicar a todos los partidos.

 

Y sin embargo, a pesar de hacerse públicos de forma continuada todos estos escándalos de corrupción política, los españoles siguen votando mayoritariamente a los mismos partidos, derivando, como mucho, algunos de sus votos a partidos subsidiarios que de ninguna manera representan una alternativa real.

A pesar de hacerse públicos todos estos casos de corrupción generalizada; a pesar de revelarse la implicación de las altas esferas financieras y empresariales, con la aquiescencia del poder judicial; a pesar de demostrarse por activa y por pasiva que la infección afecta al Sistema en su generalidad, en todos los ámbitos, imposibilitando la creación de un futuro sano para el país; a pesar de todo ello, la respuesta de la población ha sido…no hacer nada.

La máxima respuesta de la ciudadanía ha sido “ejercer el legítimo derecho de manifestación”, una actividad muy parecida a la que hace la hinchada cuando su equipo de fútbol gana una competición y sale en masa a la calle para celebrarlo.

icar con su pestilencia a todos los partidos políticos de forma irreparable.

¿De qué nos sirve saber la verdad sobre cualquier asunto relevante si no reaccionamos, por más graves que sean sus implicaciones?

No nos engañemos más, por duro que sea aceptarlo.

Afrontemos la realidad tal y como es.

En la sociedad actual, saber la verdad ya no significa nada

Informar de los hechos que verdaderamente acontecen, no tiene ninguna utilidad real

Es más, la mayoría de la población ha llegado a tal nivel de degradación psicológica que, como demostraremos, la propia revelación de la verdad y el propio acceso a la información refuerzan aún más su incapacidad de respuesta y su atonía mental.

 

 

Esto es un ejemplo sencillo del bombardeo de información al que está sometido el cerebro de alguien en la actualidad, en comparación con el de una persona de hace tan solo 50 años.

Añádele a esto todas las fuentes de información que te rodean, como la televisión, la radio, la música, la omnipresente publicidad de todo tipo, las señales de tráfico, los diferentes y variados ropajes que viste cada una de las personas con las que te cruzas por la calle y que representan, cada uno de ellos una serie de códigos lingüísticos para tu cerebro, la información que ves en tu móvil, en la tablet, en internet y añádele, además, tus compromisos sociales, tus facturas, tus preocupaciones y los deseos que te han programado tener, etc, etc, etc…

Visualiza un antiguo western de John Wayne, en una secuencia cualquiera de acción, como por ejemplo, un tiroteo.

Y después visualiza una secuencia de un tiroteo o de una persecución de coches en una película actual.

Cualquier secuencia de acción de una película actual está trufada de sucesiones rapidísimas de planos de corta duración.

En tan solo 3 o 4 segundos verás diferentes planos: la cara del protagonista conduciendo, la del acompañante gritando, la mano en el cambio de marcha, el pie pisando el pedal, el coche esquivando un peatón, el perseguidor que derrapa, el malo que agarra la pistola, como dispara por la ventanilla, etc…y cada plano habrá durado apenas décimas de segundo.

Las imágenes se suceden a toda velocidad como los disparos de una ametralladora.

Y sin embargo eres capaz de verlas todas y procesar el mensaje que contienen.

 

 

 

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Se trata de una auténtica inundación de información que debe procesar tu cerebro continuadamente.

Y todo ello en un cerebro del mismo tamaño y capacidad que el de ese espectador de los westerns de John Wayne hace 50 años.

Por lo visto, parece que nuestro cerebro tiene capacidad suficiente para percibir tales volúmenes de información y comprender los mensajes asociados a esos estímulos.
Ahí no radica el problema.
De hecho parece que nuestro cerebro disfruta con ello, pues nos hemos convertido en adictos al bombardeo de estímulos.
El problema aparece en la siguiente fase.

Valoración

Es cuando debemos valorar la información recibida, es decir, cuando llega la hora de juzgar y analizar sus implicaciones, que nos topamos con nuestras limitaciones.

Porque, literalmente, no disponemos de tiempo material para hacer una valoración en profundidad de esa información.

Antes de que nuestra mente, por sí misma y con criterios propios, pueda juzgar de forma más o menos profunda la información que recibimos, somos bombardeados por una nueva oleada de estímulos que nos distraen e inundan nuestra mente.

Es por esta razón que nunca llegamos a valorar en su justa medida, la información que recibimos, por importantes que sean sus posibles implicaciones.

Para comprenderlo mejor, vamos a utilizar una analogía, en forma de pequeña historia.

Imaginemos a una persona muy introvertida, que pasa la mayor parte de su tiempo encerrada en casa.
Prácticamente no tiene amigos ni entabla relaciones sociales de ningún tipo.
Ahora supongamos que esa persona baja al supermercado a comprar una botella de leche y cuando va a pagarla, se le cae al suelo y la rompe, causando gran estruendo y manchando su ropa a ojos de todos los clientes y de la cajera.
Cuando esa persona vuelva a su casa, aislada de toda relación y estímulo social, probablemente dará un gran valor a lo acontecido en el supermercado.
Se preguntará por qué le cayó la leche y qué movimiento en falso realizó para que eso sucediera; se preguntará si fue culpa suya o fue culpa de la botella que era demasiado resbaladiza; analizará en su cabeza la mirada de la cajera y los gestos y comentarios de todos y cada uno de los clientes; incluso observará las manchas en su ropa e intentará adivinar lo que pensaban sobre ella las demás personas al verla en esa situación.
Se sentirá ridícula y juzgará aquel acontecimiento meramente anecdótico como mucho más importante de lo que realmente es.
Simplemente porque para ella, ese ridículo en el supermercado será el gran acontecimiento social del día o de la semana.
Y quizás no lo olvide nunca más en su vida.

Ahora sustituyamos a la persona introvertida y sin relaciones por un modelo opuesto. Una persona extrovertida, que pasa el día entero rodeada de gran cantidad de personas y acontecimientos, interactuando frenéticamente con clientes y compañeros de trabajo, hablando por teléfono, concertando citas, comprando, vendiendo, haciendo reuniones, riendo, enfadándose y rematando el día tomando copas con los amigos.
Supongamos que esta persona va a comprar la leche y también se le cae causando gran estruendo y manchándose la ropa.
La valoración que hará del hecho será meramente anecdótica, pues representará un evento más de entre los muchos acontecimientos de carácter social que experimenta a lo largo de la jornada.
Y en pocas horas se habrá olvidado de lo sucedido.

Una persona en la sociedad actual se asemeja mucho al segundo modelo, sometida a gran cantidad de estímulos sensoriales, sociales y lingüísticos.

Para nosotros, toda información recibida es rápidamente digerida y olvidada, arrastrada por la corriente incesante de información que entra en nuestro cerebro como un torrente.

Porque vivimos inmersos en la cultura del twit, un mundo donde toda reflexión sobre un evento dura 140 caracteres.

Y esa es la profundidad máxima a la que llega nuestra limitada capacidad de análisis.

Es por esta razón, por nuestra impotencia a la hora de valorar y juzgar por nosotros mismos el volumen de información al que estamos sometidos, que la propia información que nos es transmitida lleva incorporada la opinión que debemos tener sobre ella, es decir, aquello que deberíamos pensar tras realizar una valoración profunda de los hechos.

Es decir, el emisor de la información le ahorra amablemente al receptor el esfuerzo de tener que pensar.

Ese es el procedimiento que utilizan los grandes medios de comunicación y en un mundo con individuos auténticamente pensantes sería calificado de manipulación y lavado de cerebro

washing brain

la televisión es un claro ejemplo de ello.

Fijémonos en un noticiario cualquiera.

Todas las noticias de todos las cadenas estan narradas de forma tendenciosa, de manera que contengan en su redactado y presentación no solo la información que debe ser transmitida, sinó la opinión que debe generar en el espectador.

O más claramente aún, el ejemplo de las omnipreentes tertulias políticas, donde los tertulianos son calificados como “generadores de opinión”.

Es decir, su función es generar la opinión que deberías fabricar por tí mismo.

Respuesta
Una vez reducido a la mínima expresión nuestro tiempo de valoración personal de los hechos, entramos en la fase decisiva del proceso, aquella en que nuestra posible respuesta queda anulada.

Aquí entran en juego las emociones y los sentimientos, el motor de toda respuesta y acción.

Y es que al fragmentar y reducir nuestro tiempo dedicado a juzgar una información cualquiera, también reducimos la carga emocional que asociamos a esa información.

Observemos nuestras propias reacciones: podemos indignarnos mucho al conocer una noticia cualquiera, ofrecida en un noticiario, como por ejemplo el desahucio forzoso de una familia sin recursos, pero al cabo de unos segundos de recibir esa información, somos bombardeados por otra información distinta que nos lleva a sentir otra emoción superficial diferente, olvidando así la emoción anterior.

desahucio violento 2 salt

Y todos observamos desesperados a los demás y nos preguntramos “¿Por qué no reaccionan? ¿Por que no reacciono yo?”Y esa impotencia desemboca, al final, en una sensación de frustración y apatía generalizadas.Ésta parece ser la razón básica por la que no se produce una Revolucióncuando, por la lógica propia de los acontecimientos, debería producirse.Se trata pues, de un fenómeno meramente psicológico Aunque no lo creas, cuando tus hijos entran en el pasillo del super donde estan los cereales, se ven sometidos a una sutil guerra psicológica Muchas de esas mascotas de las cajas de cereales: conejitos, ranas, super-heroes, tigres o lo que sean, de alguna manera “conspiran” contra tus hijos. (Al menos en EEUU) Además de venir cargados de insanas cantidades de azúcar, los cereales llevan a cabo operaciones psicológicas encubiertas, de acuerdo con investigadores de la Universidad de Cornell. “Se estudiaron 65 tipos de cereales comercializados en 10 establecimientos diferentes en Nueva York y Connecticut y los investigadores de Cornell descubrieron que los cereales comercializados para niños se colocan en las estanterías a la mitad de altura que los cereales para adultos. A una altura media de 58 centímetros para los niños en comparación con los 120 centímetros de cereales para adultos” El estudio también demostró que los fabricantes de cereales posicionan los ojos de las mascotas mirando hacia abajo, en un ángulo promedio de 9,6 grados, con el fin de establecer contacto visual con los niños, mientras que los personajes dibujados en las cajas de cereales para adultos miran al frente, directamente. Además, los investigadores descubrieron que las personas que establecen contacto visual directo con los ojos de dichas mascotas, tienen un 16 por ciento más de probabilidades de desarrollar lealtad hacia la marca. Es solo una curiosidad, pero incluso aparentes tonterías como éstas, reflejan el grado de manipulación al que estamos sometidos

Éste es el mecanismo básico que aborta toda respuesta de la población ante los continuos abusos recibidos.La BASE sobre la que se sustentan todas las manipulaciones mentales a las que estamos sometidos actualmente.El mecanismo psicológico que mantiene a la población idiotizada, dócil y sumisaLo podríamos resumir así:El excesivo bombardeo de información nos impide tomarnos el tiempo necesario para otorgar el valor adecuado a cada información recibida y con ello, nos impide asociarle la suficiente carga emocional como para generar una reacción efectiva y real Aunque no lo creas, cuando tus hijos entran en el pasillo del super donde estan los cereales, se ven sometidos a una sutil guerra psicológica Muchas de esas mascotas de las cajas de cereales: conejitos, ranas, super-heroes, tigres o lo que sean, de alguna manera “conspiran” contra tus hijos. (Al menos en EEUU) Además de venir cargados de insanas cantidades de azúcar, los cereales llevan a cabo operaciones psicológicas encubiertas, de acuerdo con investigadores de la Universidad de Cornell. “Se estudiaron 65 tipos de cereales comercializados en 10 establecimientos diferentes en Nueva York y Connecticut y los investigadores de Cornell descubrieron que los cereales comercializados para niños se colocan en las estanterías a la mitad de altura que los cereales para adultos. A una altura media de 58 centímetros para los niños en comparación con los 120 centímetros de cereales para adultos” El estudio también demostró que los fabricantes de cereales posicionan los ojos de las mascotas mirando hacia abajo, en un ángulo promedio de 9,6 grados, con el fin de establecer contacto visual con los niños, mientras que los personajes dibujados en las cajas de cereales para adultos miran al frente, directamente. Además, los investigadores descubrieron que las personas que establecen contacto visual directo con los ojos de dichas mascotas, tienen un 16 por ciento más de probabilidades de desarrollar lealtad hacia la marca. Es solo una curiosidad, pero incluso aparentes tonterías como éstas, reflejan el grado de sutil manipulación al que estamos sometidos…

CONCLUSIÓN

Quizás todo lo expuesto anteriormente no es lo que querías escuchar.
Es poco estimulante y resulta algo complicado y farragoso, pero las realidades complejas no pueden reducirse a un ingenioso titular en forma de twit.

Para emprender una transformación profunda de nuestro mundo, para iniciar una auténtica Revolución que lo cambie todo y nos lleve a una realidad mejor, deberemos descender hasta las profundidades de nuestra psique, hasta la sala de máquinas, donde estan en marcha todos los mecanismos que determinan nuestras acciones y movimientos.

Ahí es donde se está dirimiendo la auténtica guerra por el futuro de la humanidad

Nadie nos salvará desde un púlpito con brillantes proclamas y promesas de una sociedad más justa y equitativa.
Nadie nos salvará sólo contándonos la supuesta verdad, ni desvelando los más oscuros secretos de los poderes en la sombra.

Como acabamos de ver, la información y la verdad ya no tienen importancia, porque nuestros mecanismos de respuesta están averiados.

Debemos descender hasta ellos y repararlos; y para conseguirlo, debemos saber cómo funcionan.
Para ello no será necesario hacer un complejo curso de psicología: observando con atención y razonando por nosotros mismos podemos conseguirlo.

Porque no se trata de algo esotérico ni fundamentado en creencias extrañas de carácter Místico, Religioso o New Age.
Es pura lógica: No hay revolución posible sin una transformación profunda de nuestra psique a nivel individual.
Porque nuestra mente está programada por el Sistema.
Y por lo tanto, para cambiar ese Sistema que nos aprisiona, antes debemos desinstalarlo de nuestra mente.

Esto es un artículo extractado de Gazzeta del Apocalipsi

COMENTARIO EXTRACTADO:

 

Por ejemplo, que prohíban el fútbol, la cerveza o el 5 jotas, que cierren los bares a las seis de la tarde, verán como tienen montada una buena revolución.
Si la gente no se mueve es porque no alcanza a ver ningún motivo para hacerlo, salvo cuatro matáos que escribís por aquí pero sin ninguna capacidad de llegar masivamente a la población.
Tú dale un miserable trabajo al pringao, con reforma laboral incluida, pagale por seis horas y que te haga nueve, si se da de baja a la puta calle que hay mil esperando.
Y qué pasa, nada.
No hay ninguna necesidad de revolución.
Y como aviso a navegantes, lo del Prat.
Ahora hay que ir a por los taxistas, inviertan en Uber, se harán de oro. Cuanta más violencia usen más los odiará la parte de la población que puede permitirse usarlos.
Ya se están iniciando movimientos de boicot al taxi en las redes y están muy bien financiados. Hay que extinguir esa sucia profesión